La magia de la navidad

Por Anabel Lora Mingote

Llegan estas fiestas y me pongo nostálgica. 

Reconozco que me apasionan las películas románticas navideñas en las que todo es luz y fantasía. 

Árboles preciosos cortados en familia en esos bosques que parecen no tener fin, y que te preguntas cómo rayos no se quedan despoblados si tanta gente se lleva uno a su hogar. En la actualidad, algunas películas te muestran cómo los habitantes del pueblecito o ciudad, no van al bosque a serrarlos, sino que los compran en los viveros. Aunque lo que más me llama la atención, son las calles y casas adornadas casi en su totalidad, con guirnaldas, cientos de luces de colores, diversas figuritas navideñas, espumillón, bolas de diferentes tipos y tamaños… Es tal su decoración que casi duelen los ojos. El consumo que se hace de electricidad, no parece tener coste alguno, y mucho menos la contaminación lumínica, que debe ser nula.

Pero lo confieso. Aun así, me gustan. 

Hasta ahora pensaba que era por el romanticismo de esa pareja que ¡oh cielos! acaban enamorados en Navidad. ¿Y os habéis dado cuenta que casi siempre uno de ellos tiene hijos y que por casualidad, su pareja ha fallecido? Claro, romance perfecto y cero problemas. 

Para más inri, ambos son guapísimos. Cuentan con trabajos fantásticos y si no, persiguen su sueño. La mayoría de las veces es la mujer la que abandona a su familia, sus ilusiones, sus amigos, sus… y se va con el hombre que con solo mirarla se siente realizada. Ella va con trajes bien cortados y tacones de aguja donde piensas «¡eh, oye, ocho o diez horas sobre esos zapatos tiene que ser mortal! » Y sin embargo, siempre lucen una buena sonrisa, un correcto maquillaje y un pelazo estupendo. Y ellos… Da gusto verlos. Cualquier traje les sienta bien. ¿Qué de qué trabajan? Pocos hay que aparezcan como albañil o pintor de brocha gorda. Ni llegan muertos a casa por haber pasado casi diez horas agachando el riñón en una obra. ¡Qué agotador, por favor!

El caso es que estaba en un error. Creía que me gustaban por eso. Por el romanticismo y el colorido. Pero por lo que realmente me gustan es porque te evaden de la realidad. Dejas a un lado esos países que están continuamente en guerra. Esos que creen que no hay nada más importante en la vida que defender ideas y banderas, que les interesan solo a los políticos, y nos quieren hacer creer que a los demás también nos importan. Olvidas a esos niños que no tienen ni un trozo de pan que llevarse a la boca, y los cambias por las casitas de jengibre que la chavalería más preciosa y lozana se preocupa en decorar con sus geniales y perfectos padres. Arrinconas el gasto de la luz y el precio del alquiler de los pisos, que muchas familias no pueden pagar, y que con suerte, tendrán que ir a vivir con algún familiar, y con muy mala suerte, serán desahuciados e igual algún alma caritativa les acoge bajo su techo hasta que puedan conseguir el suyo propio. Pasas de largo de enfermedades como el Cáncer, el Sida, el Parkinson, la Depresión, el Autismo, el Alzheimer … que cada día, no solo la del covid que va a quedar registrada como la enfermedad del siglo, nos rodean y diezman a la población mundial. 

Te arrellanas en el sillón, atemperada con el calor de la calefacción, pulsas el play de la televisión y de tu vida, y esos hermosos colores tantos como tiene el arco iris, inundan tu visión. Te despojan de la melancolía y te envuelven en una sensación de irrealidad que mece tu alma. Llegas a pensar que vives en un mundo de fantasía, ideal y maravilloso donde nada malo puede ocurrir fuera de esa frontera que es tu hogar. 

Durante un par de horas la magia de la Navidad te inunda. Te crece de nuevo el espíritu navideño y cuando termina la película, Superman o Superwoman a tu lado son unos simples muñecos que no pueden realizar lo que llevas en la cabeza: salvar el mundo. 

Hasta que pones un pie en la calle, te tropiezas sin querer con esa persona que no ha visto la misma película que tú y ha tenido un día de asco, te increpa que mires por dónde vas y tu sonrisa se queda congelada en la cara. Y ahora es cuando tienes dos opciones: O volverlo a intentar, o meterte en casa y encender el televisor para imbuirte de nuevo en esas luces que te cantan que no hay nada mejor que estar con ellas. 

Yo ya he decidido. Este año mi magia de la Navidad será diferente. Tú qué decides hacer. 


©2021, Texto y foto: Anabel Lora Mingote


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2 respuestas

  1. Me encanta tu relato Anabel, describes todo de tal manera, que siento que lo estoy viviendo contigo. Y es verdad, hay mucho amor metido en esa caja. Es increíble todo lo que viene a mí cabeza. Sigue escribiendo así de bonito.

    1. Qué gusto que puedas vivir y disfrutar del relato conmigo. De pasearte entre las letras y que te transporte a tus recuerdos. Muchas gracias por tus palabras, Esther. Un fuerte abrazo

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