No sabía que tenías que lavar las cosas tantas veces. Ya no tantas. Tus manos agrietadas. Veo cómo enjabonas una olla. La enjuagas. Metes agua en ella. La hierves. La enjuagas. Y otra vez.
Ya no tanto. Estoy mejor. Me alegro. Te abrazo. Nos abrazamos. Y podría estar abrazada a ti hasta que el brócoli y las patatas se hicieran puré ellos solos al fuego inexistente de la inducción. Y así te veo valiente. Ya sin pesar la comida. Buscando ayuda en los ojos de tu amiga Alegría. ¿Esta patata? Esta. Sí. Y te la comes y me siento orgullosa de ti. Como chocolate y te pido permiso para abrazarte y me dices que sí ahora sí antes no. Antes no podías tocar a alguien que acabara de comer chocolate. Ahora sí. Otro logro. La bandeja del horno. Dame una donde no hayas hecho ningún dulce. Entonces esta no. Te doy otra. Y me siento humildemente agradecida de que en mi presencia cocines. De que me digas esto sí, esto no con tu dulzura asertiva llena de amor. Sé que antes cocinabas sola ahora somos dos Alegría y yo viéndote desde la barra, comiendo. Yo, tofu ahumado con verduras asadas Alegría, nachos con guacamole y queso y de postre chocolate con pretzels y beicon. Nos deslizamos por el suelo de mi casa las tres vosotras como guerreras del viento y del agua y yo como un cangrejillo que disfruta del paisaje de los elementos. Nos fundimos en otro abrazo no sin antes mirarnos a los ojos con la sonrisa del sí.
Texto: © Patricia Cardona Roca
Foto: Nöele Mauri
IG https://www.instagram.com/noellemauri/