Invitado marzo 2024: Ricardo Cuadros

El pez fabuloso

La poesía es un pez fabuloso; lo reconocemos cuando aparece, pero es imposible atraparlo. Su conocimiento es algo natural en la infancia, pero más tarde, cuando la sociedad impone al niño sus leyes de convivencia mediante la educación o la costumbre, cuando según pasan  los años tú y yo entramos en el mundo del trabajo, la política, la filosofía y la estética, el amor y la guerra, el pez fabuloso de la poesía desaparece en las corrientes marinas de la mente. Se convierte en un recuerdo vago de alegría y extrañeza estimulante, se expresa como fragmentos de sueños o pesadillas, se escucha como voces en lenguas extranjeras, duerme y despierta en un álbum de fotografías. Lo reconocemos, sí, pero nadie puede atraparlo, y tal como existe la poesía también existen los/las poetas, que dedican sus vidas a la expresión de la imposibilidad de atrapar al pez fabuloso.

En castellano el nombre “poeta” está confinado en un área de la literatura: poeta es quien escribe versos, pero bien sabemos que un buen novelista, pintor, músico o actriz es igualmente una persona que conoce las regiones donde habita el pez fabuloso. ¿Y qué decir de alguien que cocina con esmero? ¿De alguien que canta por cantar con todo el corazón? ¡Poetas! Considero, por lo tanto, que escribir poemas no es la única manera, ni mucho menos, de ser poeta. Es más, escribir poemas no es garantía de acercamiento al pez fabuloso. 

La poesía es una experiencia privada e intransferible, nadie te puede obligar a encontrarte con ella, es imposible imponer a nadie su presencia. Tengo un amigo que ha escuchado cien versiones de las Suites para Violonchelo Solo de Bach y con cada una disfruta de algo distinto, un acento, una breve pausa; a mí se me escapan muchas de esas variaciones. ¿Por qué? Probablemente por falta de formación musical (la primera vez que le presté atención consciente a Bach tenía ya 30 años) ¿Algo más? ¡Es que soy sordo! Sin la ayuda técnica de mis audífonos es como si me encontrara en una tumba egipcia. No obstante, para mí las Suites para Violonchelo Solo de Bach son una fuente inagotable de placer emocional y estético. Incluso un sordo puede disfrutar de la música. La poesía es una experiencia privada e intransferible y no hay límites para su gozo, salvo los que uno mismo se ponga. Nadie escucha lo mismo cuando los mirlos cantan en los patios de Ámsterdam: para mí es poesía pura, pero hay quienes dicen que simplemente es el canto de un pájaro en busca de pareja. Nadie tampoco recibirá lo mismo que yo, o que tú, cuando lea o relea estos versos del poema LXXI de Trilce de César Vallejo:

Serpea el sol en tu mano fresca,

y se derrama cauteloso en tu curiosidad.

Al pez fabuloso de la poesía lo reconocemos cuando aparece, como en estos versos de Vallejo, que pongo como ejemplo entre miles. Pez que navega en los mares de nuestra mente y habla todos los idiomas, es libre y puede ir muy lejos, tan lejos como el instante en que llega.  

 

Texto: Ricardo Cuadros

Foto: PSuzy Hazelwood on Pexels.com

Ricardo Cuadros

Nació en Concepción, Chile, el 20 de enero de 1955. Emigró a Europa en 1978, con 23 años de edad. Vivió en España, donde trabajó en oficios diversos (vendedor de libros, cocinero, cantante) y a fines de 1979 se mudó a Países Bajos, gracias a su amistad con una familia holandesa. En 1983 entró a estudiar a la Universidad de Utrecht y en 1990 recibió la Licenciatura en Lengua y Literatura Españolas y el MA en Estudios Latinoamericanos. Hizo el postgrado en la misma universidad y recibió el Doctorado en Literatura Latinoamericana el año 1996. Ricardo Cuadros ha enseñado en universidades holandesas y chilenas y es autor de numerosos ensayos sobre literatura, cine y artes visuales. Su poesía se encuentra reunida (más bien dispersa) en títulos como La boca del desierto (2021), Artis (2014), La veloz (2014) Poemas del hambre y su perro (1994) y Navegar el silencio (1984). Como narrador ha publicado las novelas El fotógrafo belga (2006), Constelación del Monte (1996) y Orientación de Celva (1993). Ricardo Cuadros vive y trabaja en Amsterdam.

 

La poesía de Ricardo Cuadros está bordada con estoicismo y matices de humor, lo que lo convierte en un escritor de gran importancia tanto en la comunidad latinoamericana como en la europea. Uno de sus ingenios es su habilidad para combinar humor y paciencia. Inspirándome en un refrán árabe «dos camellos con los que se puede cruzar el desierto», reflexionó sobre la ausencia de camellos en Chile. Sin embargo, Ricardo ha cruzado océanos y fronteras, moviéndose entre culturas, idiomas y visiones del mundo. Para él, ser migrante es un desafío constante. Como poeta, destaca por su capacidad para condensar imágenes poéticas en pocas líneas libertarias. Su personalidad y pensamientos marcan el preámbulo de los acontecimientos desde su salida de Chile. ¿Qué le ofrecía en aquel momento? Las tres “eses”: soledad, sombra y silencio. Como profesor de literatura, se lanzó a la acción con ánimo generoso, aprendiendo a amar los errores. Puede conversar durante horas y se emociona al recordar su época estudiantil en la Universidad de Concepción, cuando los estudiantes e intelectuales levantaban el nuevo viento revolucionario (Movimiento estudiantil de Francia, 1968). No se pierdan «El pez fabuloso«.

 

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