ELENA AZCONDO

Coordinadora

Necesito el arte desde que tengo uso de razón. En mi infancia los momentos más felices coinciden con canciones, bailes y cines. Después hubo un paréntesis enorme. La vida se estructura así: sigues un camino marcado, no sabes, no te planteas otras opciones, eran otros tiempos, hice lo adecuado, y ahora que puedo mirar atrás, no elegí nada mal.

De pronto, al trasladar mi vida a Países Bajos pude retomar esa parte artística que dejé aparcada. Escribo poemas y tengo la oportunidad de interpretarlos. De vez en cuando también surgen pequeños relatos.

Escribo desde la adolescencia. Escuché a mi profesora de literatura Doña María Luisa Pacheco recitar a Gonzalo de Berceo. Tenía una voz potente y me encantaba su movimiento de manos. Yo tendría catorce años. Coincidiría ese tiempo con el estreno de la película «El club de los poetas muertos», para qué quería más.

Creo que antes o en esa misma época, junto a mi hermano, en su habitación, recitábamos con vehemencia el romance del prisionero o versos de Quevedo. Le encantaba fingir que hablaba en Román Paladino, y a mí me divertía muchísimo.

Y mucho antes, cuando me daban la oportunidad, subía al escenario a cantar, bien fuese organizado por el colegio o porque había un concurso en los meses de verano.

Estudié en Madrid Jurídico Empresariales, luego un máster en Asesoría Jurídica de Empresas, pasé por el ICEX (Instituto de Comercio Exterior). Quería viajar. Conocer mundo a toda costa. Trabajé en la empresa privada. Mi mejor y más larga experiencia fue en el departamento comercial de Danone S.A. La maternidad puso mi vida patas arriba; como debe ser, y el mundo programado y medido dejó de serlo. Menos mal, aunque pasarlo tiene lo suyo.

Emprendí dentro del sector de la alimentación, que era donde tenía experiencia, y en ese momento surge la oportunidad de venir a Países Bajos. Esto fue un punto de inflexión: no sabía que supondría tanto enriquecimiento. Me rehice en algunos aspectos como persona, como madre, me descubrí como escritora y, en cierto modo, como artista. He vuelto a la universidad. Estudio Psicología. Tengo una amplia familia formada por mi marido y nuestros cuatro hijos. Dificultades, alegrías, una vida con todo.

Escribo todos los meses en el blog Liberemos las palabras. He participado en dos antologías poéticas: De Vuelo en Vuelo de la escritora Sylvia Puentes de Oyenard y Seres surrealistas viajando por universos paralelos, Tomo 1, de la escritora Rosi Suñé. Colaboro con el Instituto Cervantes de Utrecht en eventos literarios, y formo parte del Taller de Escritura de Delft, liderado por la poeta Alejandra Szir, quien me impulsó a publicar y a seguir escribiendo.

Si tuviera que reseñar algo de mi poesía diría que sobre todo es oral, musical, sencilla, directa, cotidiana, clara. De algunos poemas me han dicho que son canciones urgentes. Sin duda, está marcada por la Generación del 27, los libros que leo, la banda sonora de mi vida, el día a día y las personas que me cautivan con sus conversaciones e historias.

Me encanta declamar, así que trato de participar en recitales. Me interesa el complejo proceso de convertirse en persona. Tengo fe en el amor humano. Feminista a mi manera (no me gustan los encuadres, salvo los que añaden en las fotos una pareja que adoro). Soy de las que acuña que el agua salada y los amigos lo curan casi todo. Y si tuviera que elegir un lema, sería: «carpe diem».