Nací en Oviedo, aunque los primeros seis años viví en Moreda de Aller, un pueblo minero de Asturias, que marcó profundamente mis recuerdos de la infancia. Allí fue donde empezaron a surgir las historias. Primero, nacieron en mi cabeza, después se fueron a la boca y luego, se transformaron en cuentos de niña. Poco después, esas palabras tomaron forma de canciones cuando aprendí a tocar la guitarra y con el ritmo, aparecieron los primeros poemas. La guitarra se convirtió en mi fiel compañera desde los diez años. Así fue como compuse mis primeras canciones y gané premios poesía en el colegio. Necesitaba expresarme y no sabía hacerlo de otra manera. Pintaba compulsivamente rostros de mujeres en revistas usadas cuando faltaba papel. Todo lo que creaba a mi alrededor, era un universo íntimo y poderoso. Prefería mi habitación, un bunker creativo, donde grababa las canciones en cintas, rodeada de libros de mi padre y discos de hermanos mayores. El jazz sonaba de fondo y se coló en los oídos hasta meterse en el corazón, sin saber tan siquiera lo que significaba. En la biblioteca de mi padre descubrí a Somerset Maugham, sus relatos novelas y obras de teatro. Leí todas sus obras, enmarcadas en tapas de piel, narradas a través de hojas de fino papel. Con mi padre y mi madre descubrí el cine, otra arma poderosa. Una vez a la semana iba con ellos a ver una película y así, de su mano y la de mis hermanos, crecí con un amor por todo lo que ahora llaman: cultura. Yo no sabía que era eso. Fue entonces cuando me di cuenta de que tenía dos vidas: la de mi habitación y la de afuera. Me hice mayor casi sin saberlo. Comencé a escribir relatos, después, estudié Derecho sin convicción. Deseaba escribir, comunicar, ser periodista. Sin embargo, al terminar la carrera, decidí seguir estudiando, esta vez oposiciones, dentro del ámbito jurídico. A eso me dedico desde hace más de veinte años: soy jurista en la Administración Pública. De día soy Jefa de Servicio, de noche escritora. Inventé huecos y estiré días para seguir escribiendo.
Por casualidad, un buen amigo leyó uno relato guardado en un cajón, se titulaba: «La última negociación». Me animó a seguir escribiendo y así lo hice, sin saber, casi sin querer, construí una novela y se publicó en 2017. De mi admiración por Hemingway y sus cuentos, nació el Blog «Hemingway tenía razón». Mientras todo esto sucedía, inventé más tiempo para cursar el Master de Creación Literaria con la Universidad VIU de Valencia en 2019. Eso fue un paso hacia la verdadera creación literaria: publicación de relatos en el periódico «La Nueva España», colaboraciones el programas de radio sobre cine, participación en presentaciones de autores, recitales poéticos y el inicio de mi segunda novela: «Nada es tan importante» que se publicará en otoño de 2026. También ha sido el comienzo de proyectos colectivos como: «Cuatro Poetas con Hemingway» con Karina, Mayte y Anabel, una iniciativa de divulgación cultural sobre el nexo de unión entre Hemingway y cuatro poetas, entre ellos Elizabeth Bishop. Muy pronto, se publicará «Paz de Puño y letra» una antología de poemas de escritores asturianos que alzamos la voz contra la guerra y la colección de relatos de viaje: «Los territorios que nos nombran», un proyecto muy especial en el que participamos escritores de todo el mundo. Como diría Charlie Parker: «La música es tu experiencia, tus pensamientos, tu sabiduría. Si no lo vives, no saldrá de tu instrumento». Algo así es para mi escribir.