Por Elena Azcondo
No la posees. Se alimenta de inocencia, de niñez. El tiempo la desvanece, y a veces, no la deja volver.
Musa infiel que con su encanto nunca dejas de querer. Te ofrece las mieles del mundo, la alegría anticipada de saber que hay sueños que se cumplen en esta vida. Su rostro reluciente exhala juventud. No la hueles, no la tocas. Viene y de pronto se va. Es capaz de transformar la utopía en realidad. Rellena proyectos, futuro despierta la motivación, dulcifica el esfuerzo. Alimenta la voluntad. Los niños son sus únicos dueños y algunos privilegiados que saben amar de verdad. Ilumina nuestra vida. Sin duda, la ilumina. Sé que un día, sin despedirte, sin avisar, abriré los ojos, buscaré tu señal. No aparecerás. Gritaré. ¿ILUSIÓN, dónde estás? Entonces, sólo entonces repetiré tu nombre rastrearé tu esencia. Al mirar unos ojos, al contemplar un paisaje, al tacto de una caricia, al escuchar una risa. Y me conformaré con sentir tu reflejo y evocar el lugar y un tiempo donde sé que habitas.
Texto y foto: Elena Azcondo
2 respuestas
Precioso poema! 💚
Precioso. Sin ella, el alma se queda sin alas.