Ilusión

Por Elena Azcondo

No la posees.
Se alimenta de inocencia, de niñez.
El tiempo la desvanece,
y a veces, no la deja volver.
Musa infiel que con su encanto
nunca dejas de querer.
Te ofrece las mieles del mundo,
la alegría anticipada de saber
que hay sueños 
que se cumplen en esta vida.

Su rostro reluciente
exhala juventud.
No la hueles,
no la tocas.
Viene y de pronto se va.
Es capaz de transformar
la utopía en realidad.

Rellena proyectos, futuro 
despierta la motivación,
dulcifica el esfuerzo.
Alimenta la voluntad.

Los niños son sus únicos dueños
y algunos privilegiados
que saben amar de verdad.

Ilumina nuestra vida.
Sin duda, la ilumina.

Sé que un día,
sin despedirte, 
sin avisar,
abriré los ojos,
buscaré tu señal.
No aparecerás.
Gritaré.
¿ILUSIÓN, dónde estás?

Entonces, sólo entonces
repetiré tu nombre
rastrearé tu esencia.
Al mirar unos ojos,
al contemplar un paisaje,
al tacto de una caricia,
al escuchar una risa.
Y me conformaré
con sentir tu reflejo 
y evocar
el lugar y un tiempo
donde sé que habitas.

Texto y foto: Elena Azcondo


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