Como si de un ritual se tratara, comienzo.
Primero cojo mi libro.
Cautelosa miro a ambos lados del pasillo
abro la puerta sin hacer ruido.
Me meto; parece que lo he conseguido.
Suspiro de alivio y echo el pestillo.
Desde niña la secuencia se repite
es mi lugar favorito.
Aquí mi imaginación se dispara
están las luces, los espejos
la intimidad, la desnudez
y un mutismo sincero.
Escondite infantil
guarida ante cualquier asalto
lugar donde encontrarme a salvo.
Aun así vigilo,
pendiente de algún murmullo,
si escucho lo rutinario
un grito, alguna risa
continuo el ceremonial
satisfecha y sin prisas.
Hasta que al mirarme,
el reflejo me devuelve en gesto serio
los motivos por los que un niño
busca refugio y silencio.
Comienza la función,
un baile, una pirueta al aire,
abandono a Plisétskaya
enmudezco, me acomodo,
y me introduzco de lleno
en las páginas del libro
que estoy leyendo.
El sosiego nunca es completo
saboreo esa mezcla de culpabilidad
y disfrute en lo prohibido.
¡Por favor, que no oiga mi nombre!
¡Que no recuerden que existo!
Abro el grifo, disimulo
afino el oído,
trato de confirmar con sigilo
que no hay movimiento alguno
al otro lado del muro.
Abro un cajón, luego el otro
y de la misma manera
cierro uno y cierro el otro.
Si no hay sospecha de ruido
si sigue todo tranquilo.
Me arriesgo sin pensar
y comienzo el siguiente capítulo.
Sabiendo que en cualquier momento
llegará el enemigo
que aporreando la puerta gritará
¿Te encuentras bien?
¿Te has dormido?
Y romperá de un respingo
la trinchera, la magia, mi cobijo.
Oda al cuarto de baño.
Lugar sin glamour, ni encanto.
Entorno anodino en baldosines blancos
olores a lejía y cítricos mezclados.
Oda al cuarto de baño.
Oda a mi escondite secreto.
De niña, salvó mi infancia
de adulta, se tornó en cómico aliento
frente a la responsabilidad
y el transcurso del tiempo.
Texto : Elena Azcondo
Foto: Drents Museum Assen – Países Bajos – Exhibición de Antonio López
Escucha Oda al cuarto de baño en la voz de Elena