La vida ninja

Por Patricia Cardona Roca

“Bienvenidos amigos al día uno del reto: Vida sana durante la cuarentena. Estoy muy contenta –“. Corto el vídeo de la charlatana. Me enciendo el primer cigarrillo del día. Son las once. Me acabo de levantar. 

Gano más dinero ahora, en el paro, que trabajando. Acordé con mi jefe modificar las nóminas de los últimos seis meses para reflejar un sueldo cuatrocientos cincuenta euros mayor del que era y así recibir más. Vivo como una reina. Claro que el muy cabrón me pagó menos de lo que me correspondía porque “todos teníamos que salir ganando con el trato”.

He vuelto a fumar Marlboro Red. Hacía años que me tenía que conformar con la mierda Lucky Stroke*. Además como no salgo me he comprado una botella de bourbon neoyorquino pero solo me tomo una copa los viernes, sábados y domingos y algún lunes por error porque no sé en qué día vivo. El resto de los días una cervecita, me he pasado de Hacendaño a Estrella. Cualquiera me iba a decir a mí que en el paro y a mi edad me iba a tirar al lujo. También me he apuntado a retos de cocina, ajedrez, ganchillo y baile Tik Tok. Todos los he dejado en el día uno o dos. No encuentro ningún reto que se alinee con mi savoir-vivre. ¡Coño! ¡Solo me quedan diez cigarrillos! Voy a tener que salir de la puta casa y con el sol que hace. Bajaré después de la siesta del carnero. 

Me meto un chicle Fisherman’s Friend en la boca, costumbre de fumadora. No queremos que nos huela el aliento, para no dar asco a los más asépticos, pero nos huelen hasta las bragas. El chicle es tan fuerte que me eriza el cuero cabelludo y hace que se me salten las lágrimas. Me pongo la mascarilla de las Tortugas Ninja que me regaló mi sobrina y me dirijo al estanco, al de toda la vida, donde de pequeña iba a comprar tabaco de pipa inglés para mi padre. Me encantaba su olor. Me sentaba en su regazo mientras fumaba y con su voz ronca me contaba sin cansarse, todas las noches, el cuento de Los Tres Cerditos. Hacía muy bien de lobo. Cuando falleció me enfadé tanto con él que tiré toda su ropa, sus libros y pipa a la basura. Ahora me arrepiento. Lo echo de menos. No me quedé con nada suyo, bueno el cortaúñas por cuestiones prácticas. Ahora no hay nadie que me reconforte todas las noches, bueno, ni una, ni una sola puta noche. El bourbon, tal vez. 

En el estanco no está Juan, gran amigo de mi padre. No se parecen en nada pero me recuerda mucho a él. Esto le va a encantar a tu padre, me decía, es un tabaco danés muy rico. Qué aromáticos. Yo metía la cabeza en la bolsa e inspiraba con profundidad, con todo lo que daban de sí mis pequeños pulmones.

Atendiendo está Pedro, el hijo menor de Juan. Tan sereno como siempre con una mascarilla de Fortuna y moviéndose con una parsimonia enervante, ¡como si el mundo y la vida fueran a durar para siempre! Le pedí dos cartones de Marlboro Red. Pagué y cuando iba a salir vi las pipas que tenía en el expositor. Me giré. Le dije que quería una pipa para principiantes. En ese momento nos entró un ataque de risa a ambos. Leonardo y Donatello entraban y salían desacompasados de mi boca hasta que se me clavó el Fisherman’s Friend en la garganta. Me quité la mascarilla, los ojos se me salían de las órbitas, empecé a perder el equilibrio. Pedro saltó cual gacela por encima del mostrador, me hizo la maniobra de Heimlich. Cuando pude volver a respirar le di las gracias y un abrazo. Me agarré a él como me agarro a mis cojines, fuerte y sin intención de soltarlos. Pasaron dos clientes de largo. Vi a Fortuna deslizarse hasta el suelo. Temblorosos nos acariciamos el pelo, sin separarnos nos acercamos a la puerta, él giró la llave, yo le di al botón para que bajase la barrera. Nuestras lenguas empezaron a trenzarse para conocerse con lentitud como si la vida fuera a durar para siempre. 


*Embolia feliz 

Nota: Hacendado es una marca blanca de un conocido supermercado español. Algunas personas la llaman Hacendaño.  


© Patricia Cardona Roca

Foto: Nöele Mauri

IG https://www.instagram.com/noellemauri/


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