Menopausia
Hasta ahora,
las mujeres del mundo la han sobrevivido.
Sería por estoicismo
o porque nadie les concediera entonces
el derecho a quejarse
que nuestras abuelas
llegaron a la vejez
mustias de cuerpo
pero fuertes de alma.
En cambio ahora
se escriben tratados
y, desde los treinta,
empieza el sufrimiento,
el presentimiento de la catástrofe.
El cuerpo es mucho más que las hormonas.
Menopáusica o no,
una mujer sigue siendo una mujer;
mucho más que una fábrica de humores
o de óvulos.
Perder la regla no es perder la medida,
ni las facultades;
no es para meterse cual caracol
en una concha
y echarse a morir.
Si hay depresión,
no será nada nuevo;
cada sangre menstrual ha traído sus lágrimas
y su dosis irracional de rabia.
No hay pues ninguna razón
para sentirse devaluada.
Tirá los tampones,
las toallas sanitarias.
Hacé una hoguera con ellas en el patio de tu casa.
Desnudate.
Bailá la danza ritual de la madurez.
Y sobreviví
como sobreviviremos todas.
Texto: Gioconda Belli
Foto: Jared Weiss
Gioconda Belli (1948) es una escritora y poeta nicaragüense cuya obra combina feminismo, erotismo y compromiso social. Fue parte activa de la Revolución Sandinista, lo que influyó en su producción literaria, marcada por la lucha por la libertad y la identidad femenina. Su poesía destaca por su intensidad lírica y su defensa del deseo y la autonomía de la mujer, mientras que sus novelas exploran el poder, la memoria y la historia. Entre sus libros más importantes se encuentran La mujer habitada, El país bajo mi piel y El infinito en la palma de la mano, galardonado con el Premio Biblioteca Breve. Reconocida con múltiples premios, Belli es una de las voces más influyentes de la literatura latinoamericana contemporánea.
- Karina Miñano
Me miro en el espejo. No es la primera vez, pero hoy hay algo distinto en mi mirada. No busco corregir imperfecciones ni recuperar un rostro que el tiempo ha ido moldeando a su antojo. Hoy solo observo. Los cambios son sutiles y, al mismo tiempo, innegables. Hay una transformación en marcha, un susurro en la piel, en los huesos, en la manera en que habito mi propio cuerpo.
La palabra menopausia siempre me sonó a un término clínico, un diagnóstico más que una vivencia. Nadie te advierte que no es solo una cuestión biológica, sino un tránsito que remueve todo. Como el mar cuando se retira y deja expuesto el lecho de arena con sus secretos. No es una muerte, aunque algunos la describan así. Es otra forma de ser. Una nueva manera de habitarse.
Por eso elegí Menopausia de Gioconda Belli. Porque en sus versos no hay lamento, sino conciencia. Porque nombra lo que muchas veces se esconde: el desconcierto, la piel que cambia, la llama que persiste. Sus palabras me recuerdan que no somos menos por transitar este umbral, sino más completas, más libres. Que hay belleza en esta metamorfosis, aunque al principio cueste reconocerla.
Leer este poema es mirarse en el espejo sin miedo. Y sonreírle a la mujer que nos devuelve la mirada.