Tu nombre
Te llamé muchas veces,
pero viniste sólo una vez.
No supe dónde ponerte,
en qué ventrículo, qué arteria,
en qué pedazo de intestino.
Eras ninguna criatura.
Fuiste más bien destino, casualidad,
amanecer del Atlántico,
ciudad de flores mojadas,
mirada de niño antiguo
que se resiste a crecer.
Nunca pude pronunciarte.
Solo aprendí a escribir tu nombre
de rey demente,
tu nombre de profeta indeciso,
de perseguidor aterrado,
de poeta científico,
igual que tu lengua,
silencioso, inteligente.
Mente ilegible, manos de artista,
dientes lunares… todo tú
dueño de indeclarables promesas,
huesos de gelatina
sin pudor.
Y quisiera llamarte todavía,
bordar con níquel tus sienes,
alisar tus pestañas.
Sé que olvidaré la forma de amarrar tus cabellos
y las cosquillas del paladar mordiendo tu barba
y el ombligo de tu mancha
y tu contoneado galope,
pero no olvidaré tu nombre
que sabe a piano recién afinado
ni el beso retorcido
que bautizó con tu nombre cada cosa
que alguna vez amé.
Foto: Felipe Gallegos
Felipe Gallegos
Felipe Gallegos Carlos es un casi poeta cuyo más asiduo lector es él mismo. Sus temas, al igual que sus motivaciones para escribir, responden a sus inconformidades, a su afición por el chisme y al hedonismo que supone explorarse en el mundo a través de las sensaciones más que de las imágenes. Es inmigrante (no expat). Vive en La Haya desde hace 9 años y se gana la vida como cantante clásico, principalmente de coro. También es mexicano y le gusta el chile y el mezcal.
- Elena Azcondo
Felipe Gallegos es artista. Le conocí en el taller de escritura de la poeta Alejandra Szir. En él seguimos compartiendo tardes de literatura y creación; de discusiones acerca de qué es poesía o no, si vale lo abstracto, si es mejor la imagen o el objeto. Yo le digo que a mí me llega lo que él escribe: me emocionan sus poemas, sus relatos no me dejan indiferente. Le pregunto y le pregunto, y sabe de autores, de música… y cómo canta. También le he escuchado, y también me emociona. No sé si me lo ha llegado a prometer, pero así me lo he tomado yo: le pondrá música a alguno de mis poemas; incluso podríamos hacer una representación. Aunque, después de haber visto que también pinta, podría además añadirle la imagen y el color. Descubran a Felipe. Sería una pena que no le descubrieran como lo he hecho yo.