La mancha en el techo

Pensó que sería mejor empezar de una vez. Dejaría que la imaginación guiara sus dedos en el teclado. Lo importante era poner la primera línea. El resto vendría sin prisas. Todo fluiría. 

Té sudando en una taza de porcelana. Cabello mojado. La cama destendida. La laptop encendida. Dedos listos. La pantalla blanca.

Capítulo 1

Y entonces, después de varias idas y venidas, decidió abrir el sobre y leer por fin la carta. Intuía su contenido. Leerla confirmaría sus sospechas. Luego tendría que continuar con su vida. Sin miedos, sin…

¡Qué tontería tan grande! ¿Carta de quién?… ¿Cómo era la idea?…
Haz memoria, se gritó a sí mismo.

Capítulo 1

Temblando acercó su mano áspera y huesuda al sobre blanco que yacía sobre la mesa vieja del comedor. Pensó en su contenido. Sabía lo que decía. Siempre lo supo.

¿Áspera y huesuda? Blanco, vieja. ¿Cómo es?…

Ah, ya sé: «el adjetivo cuando no suma, mata».
¿Por qué no me doy cuenta de eso cuando escribo? Necesito más té.

Se levantó de la silla para estirar los brazos hacia el techo. Al levantar la mirada, se fijó en la marca amarillenta que carcomía la pintura. Levantó los hombros y se estiró de un lado, luego del otro y arrastró los pies hasta la cocina.

No entres en pánico. No entres en pánico. No entres en pánico. Eres inteligente. Eres guapo.
Eres talentoso. Eres el mejor de todos.

Buscó en el móvil su aplicación favorita de los últimos meses. Inhalar tres segundos. Contener cuatro. Exhalar tres. Repetir.

Regresó a su laptop.

Capítulo 1

Sobre la mesa, el sobre esperaba a ser abierto.

¡Pero si soy una mierda! ¿Quién comienza con una frase tan estúpida?

Capítulo 1

Sobre la mesa. En la mesa.

Había evitado leer la carta desde que llegó. Esa noche debía por fin abrirla y confirmar lo que tanto temía.

Ok. No está mal. ¿Y ahora qué pasa? ¿Por qué no podía abrirla antes? Ah, ya lo vi. ¿Por qué no puede simplemente ser perfecto? ¿«Desde que llegó», la carta o él?

Capítulo 1

Había evitado leer la carta desde que llegó con el resto del correo. Esa noche debía por fin abrirla y confirmar lo que tanto temía. La soledad. La soledad… La soledad…

No te estreses. No es necesario. La frase vendrá sola. 

Capítulo 1

Había evitado leer la carta desde que llegó con el resto del correo. Esa noche debía por fin abrirla y confirmar lo que tanto temía. La soledad se había convertido en una compañera amigable. Esa carta lo cambiaría todo. …

No sé qué más. Pensaré en esto. Por hoy, eso es todo. Mañana será otro día. Mañana las ideas serán más concretas.
No entres en pánico. No entres en pánico. No entres en pánico.
Eres inteligente. Eres guapo. Eres talentoso. Eres el mejor de todos.

La noche espesó y Joaquín apagó su laptop.

Finalmente, un párrafo con potencial; es, al menos, un avance. Sonrió.

En su cama, con la mirada en el techo, no pudo dejar de notar que la mancha se había extendido hasta cubrir casi toda su habitación. No conocía al vecino de arriba. No tenía ganas de ir a preguntarle si sabía por qué su techo se había manchado. 

Joaquín sacó el móvil de su bolsillo y abrió un video en YouTube: mensajes subliminales para la creatividad. Confiaba en ellos. Ya había escrito un párrafo. Se colocó los audífonos y cerró los ojos. 

Arriba, la policía encuentra el cuerpo sin vida de una niña de nueve años sumergida en una bañera mientras Joaquín duerme.


Texto: Karina Miñano

Imagen: creada con nano banana


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