Por Elena Azcondo
Desde mi libertad.
Fuera de todo lugar.
Cantaba, recitaba.
Me fijaba en viejas letras.
Me gustaban, decía,
los grupos de moda.
Aquellos que compañeros y amigos
tarareaban sin parar.
Aquellos con los que mi generación
se identificaba.
Sí, los disfrutaba.
Pero no.
Cuando estudiaba.
Aprovechaba los descansos
para abrir de par en par la ventana
y cantar hasta donde mi voz llegara
las canciones de Serrat.
Entonaba viejos versos
de Machado y Miguel Hernández
«para la libertad».
O ensayaba en el espejo
entre folio y folio de derecho
el repertorio completo
de Ana Belén.
Con especial cariño y ahínco
su versión de aquel hombre viejo al piano.
Creía con firmeza
que sería descubierta
por alguien
que al atravesar mi alfeizar
apreciase mi talento
y me diera la oportunidad
de entonar junto a ella
esos «peces de ciudad».
Eran míos los versos, las letras.
Y con el ojalá de Silvio Rodríguez
me fui a encontrar
junto al muro de John Lennon.
En un mirador
en lo más alto
en la torre
escrito en el ventanal.
Vivía enamorada
y creí fervientemente
que aquello era una señal.
¡Cuando fuimos los mejores
Carpe Diem,
amor y amistad!
Texto y foto: Elena Azcondo
Escucha Banda Sonora en la voz de Elena