La última guerrera
El capitán había ordenado luchar sin descanso bajo las condiciones que se presentaran, su ímpetu alentaba a cada guerrero a dar más que su propia vida por lograr el dominio de más territorio, creían que su espíritu de lucha llenaría de gloria cada rincón conquistado.
En la última noche, la guerrera se aisló por un momento, había pasado desapercibida como tal. Su valor y grito de lucha no dejaban dudar que debajo de la robusta armadura, estaba ella en un mundo de hombres valientes. Necesitaba pensar la siguiente mejor estrategia. La batalla estaba a favor de su reino, sin embargo, el mínimo error podía cambiar la situación. El rey había brindado su entera confianza a la mancuerna lograda por ella y el capitán. A pesar de tal honra, en esa tranquilidad; apartada del bullicio de los hombres de guerra, se sintió como hace tiempo no se sentía. La vulnerabilidad la acechaba, la nostalgia por querer estar en su hogar con su familia y un plato de buena sopa caliente, en lugar de esa fría y lluviosa noche, sin el menor apetito por las sobras de tres días atrás. Se preguntaba una y otra vez si la confianza del rey y la complicidad con el capitán para ganar la batalla, le darían el mérito y la vida que en algún momento soñó para su miserable vida.
La guerrera lloró, lloró tanto que la misma tormenta parecía nada en su rostro. El estruendo en su llanto podría estremecer inclusive a la penumbra de la noche por tan dolorosa pena. Su corazón estaba dividido, ya no sabía qué era lo que más importaba, la futura vida y felicidad que daría para ella y su familia la alentaba, pero tanto tiempo ausente y perderse de compartir momentos con ellos, la destrozaba.
El capitán había notado su ausencia en el pre festejo de lo que creían ya ganado y tras buscar por un rato a su mejor guerrero por fin dio con él. Se detuvo silenciosamente justo detrás contemplando con sorpresa la cabellera negra y rizada que no reconocía, que jamás había visto. En realidad, apenas conocía el rostro y voz de su mejor guerrero. No era extraño mirar hombres con cabello en melena, pero el que acababa de mirar era más largo que lo que cualquier guerrero usaría. Ante la extrañeza que le causó, caminó minuciosamente pues había notado que el llanto provenía sin duda de una mujer, eso era inconfundible y lo sabía muy bien pues era padre de cuatro.
Se sintió enormemente traicionado y sin pensarlo desenfundó su espada lentamente y no dudó en enfrentarle, sin embargo, paró; saber a esas alturas que su apreciable guerrero era en realidad una valiente guerrera, no cambiaría el curso de la batalla ni el posible triunfo. De un solo movimiento encajó la espada en la tierra frente a ella y asustada no pudo evitar gritar y ponerse en pie de inmediato. Haber sido descubierta la volvió torpe y al intentar correr, tropezó, pero el capitán alcanzó a sujetarla.
-Sssshh. No digas nada. Le dijo mientras la miró, -mañana tenemos que dar lo que todos esperan, confío en ti, siempre lo he hecho y esto no cambia nada. Después hablaremos, pero primero debemos ganar lo que tanto nos ha costado y por lo que ambos, juntos, hemos logrado. El capitán tomó su espada y se alejó.
La guerrera se quedó impávida, su gran secreto había sido descubierto por quien menos quería que así fuera. Había planeado; después de ganar la batalla, desaparecer un largo tiempo, hasta que aquel guerrero se volviera un simple recuerdo y así pudiera regresar para buscar al capitán como mujer. Ella lo conocía tanto, que sabía la ilusión de él por encontrar con quien compartir el resto de su vida y, casi estaba segura que ella podría ser esa compañera que tanto deseaba. Él ya la conocía y temió que ya no fuera posible. Pensó que el su rechazo por sentirse traicionado con su verdadera identidad lo cegaría y la odiarla por el resto de su vida. Se limpió la cara y se colocó su casco, tomó su espada y regresó al campamento para comer, brindar y descansar lo que quedaba de noche, haciendo creer que nada había ocurrido, que simplemente se alejó a pensar una estrategia de salvaguarda.
La última y definitiva batalla estaba en su apogeo, hombres de ambos bandos iban cayendo. Se podía oler la victoria y la derrota mezcladas. Los choques estruendosos entre espadas, los alaridos de los heridos y al fondo un grito que sobresalió entre todo. El capitán arrojaba su espada en dirección a la guerrera quien a su espalda un enemigo se acercaba con toda la intención y gesto de atravesarla.
La guerrera cayó en rodillas mirando al capitán aproximarse montado en su caballo negro. Terminó por desplomarse mostrando la espada enemiga en su espalda. El enemigo estaba cruzado en el pecho por el filo de la del capitán y cayó muerto. Los gritos de felicidad no se hicieron esperar y los pocos enemigos, huyeron para no ser capturados y esclavizados. Fue evidente la victoria.
El capitán guardó el secreto de la guerrera, nadie había sospechado nada, incluso en la última batalla. El recuerdo prevaleció por mucho tiempo, se volvió una plática inevitable en el reino y en los reinos vecinos. Su familia había sido honrada con una mejor vida como se le había prometido, nunca les faltó nada, incluso eran invitados especiales en los festejos del rey.
Yeray era su nombre. Tras la batalla y apenas con aliento para sanar la gran herida que hizo la espada en su costado, una noche lluviosa como aquella antes de la batalla, la guerrera desapareció. La buscaron por muchos días sin dar con ella. Quizá no sobrevivió a la herida aún sin sanar o simplemente, se alejó a donde nadie supiera de ella para comenzar una vida. Sin embargo, el capitán aún guardó la ilusión de encontrar a esa compañera… encontrarse con Yeray.
Texto y foto: Lorena González Cano
Lorena González Cano escritora y poeta mexicana, apasionada por expresar los sentimientos más profundos del ser humano en su diversidad y polaridad emocional, de igual manera la visión de la vida misma desde sus diferentes perspectivas y todo lo que esta puede abarcar. Sus aportaciones literarias, hasta ahora, alcanzan países como Venezuela, Perú, México y mayormente España. Actualmente pertenece al Grupo poético Help de Andes, siendo recientemente parte coordinadora en México.
- Patricia Cardona Roca
Una reunión virtual nos juntó. Nos presentamos, y entre uno y otro país, estaba México representada por Lorena. Empezamos a compartir nuestros poemas y me di cuenta que no solo es poeta, sino también es seguidora de la justicia en la tierra. Fluye su corazón como fluyen sus palabras dejando ver todas sus virtudes. Hoy es uno de los pilares del Grupo Poético Help de Andes de la Stichting Help de Andes con sede en Ámsterdam. El objetivo, visibilizar a los pueblos originarios en todo su esplendor.
Aquí, con ustedes, la poeta y escritora Lorena.