Invitada mayo 2023: Carmen Fernández Villalba

La palabra es poderosa, la palabra tiene poder

Mi amiga y compañera de fatigas, Yolanda García Serrano, me propuso días atrás que colaborara con este blog. Me pidió un texto, reflexión, poesía o cualquier otro escrito que permitiera liberar las palabras.

«Liberar las palabras»… ¡qué expresión tan afortunada! Es como un grito de guerra, más cerca de «sous les pavés, la plage», del Mayo del 68, que del hollywoodiense «Liberad a Willy».

Liberar las palabras… ¿de qué esclavitud, de qué cautiverio? ¿Del que les imponemos? ¿Del que nos imponen? ¿Del que no desean ellas? Y puestos a preguntar: ¿qué palabras? ¿Son palabras de ira, de despecho, de nostalgia, de duelo? ¿Palabras como «libertad, popular, justicia, revolución, democracia»… necesitan ser liberadas? ¿De quién? ¿Alguien las está reteniendo o corrompiendo?

¿Y las palabras hermosas, gentiles, que calientan el corazón… también están éstas en manos de gente indigna? ¿Quizás las paraules d’amor… sencilles i tendres?

Es innegable que hay traficantes de palabras, alquimistas malignos, ladrones de vocablos que nos adoctrinan y meten en su horma mental. Cuando las palabras debieran ser de todos y de todas, como el aire, como el agua, como la tierra. Aunque si el agua y la tierra (y pronto el aire que respiramos) se han mercantilizado, privatizado, expoliado… ¿cómo no va a suceder eso con las palabras?

Nunca ha habido, en toda la historia de la humanidad letrada, tanta circulación de eslóganes, mensajes, libros, textos, subtextos… Internet, los medios, los libros nos bombardean y hasta narcotizan con proyectiles léxicos.

Esta primavera del 2023, tan lejana del Mayo del 68, debemos cuestionarnos este tráfico en un mundo saturado, intoxicado, exhausto de palabras. Algunas han quedado vaciadas de contenido, otras rotas, como cantaba la de Chipiona: «de tanto usarlo». O por darles un uso inadecuado.

Dicen los sabios que las palabras crean realidades… o irrealidades. Sirven para construir las cosas… y para destruirlas. Y digo yo, para invisibilizar lo que deberían nombrar, cuando se las ningunea.

Pongamos «clítoris», por ejemplo. Del clítoris se ha hablado muy poco. Casi nada, un suspiro en la historia de la humanidad letrada. A ese pellizquito del cuerpo femenino, cuajado de terminaciones nerviosas, se le negó la entidad corpórea del lenguaje. La no existencia de esta palabra en los libros de anatomía canónicos (como en el sancta sanctorum «Anatomy of Gray» manual de anatomía, valga la redundancia, en el que está inspirado la serie «Anatomy of Grey») consolidó una realidad: el placer femenino no merecía considerarse. No existía. Por no decir algo peor: estaba perseguido o restringido a las «mujeres de mala vida».

«Mujeres de mala vida», cuatro palabras que unidas debieran ser restituidas o reivindicadas. Y hablo de nuestra civilización occidental. Porque en otras, ese pellizquito del cuerpo femenino se seccionaba y se tiraba a la basura. Mejor dicho, se secciona y se tira a la basura, en presente de indicativo. Literal y brutalmente. Con el fin de negarle a la mujer aquello con lo que fue «creada»: el derecho al gozo, al placer, al disfrute de su propio sexo.

Desde aquí exijo que se liberen las palabras «clítoris», «pepitilla» o «campanilla». Son preciosas, como las realidades que describen o evocan.

Habrá oportunidad en el futuro de hablar de otras palabras ninguneadas. El comando de liberación está activo y volverá a actuar. Mientras, pensad en cuáles queréis lanzar al vuelo para que nos alcancen e inunden de realidades nuevas u olvidadas. Feliz Mayo.

Texto y foto: Carmen Fernández Villalba

Vine al mundo con ayuda de unos fórceps que me dejaron una marca en la parte posterior del cuello. Ser escritor es tener marca o herida o, en el mejor de los casos, cicatriz. Tengo varias y exhibirlas, o camuflarlas, da sentido a mis escritos más personales. También escribo por encargo. En mi haber tengo guiones para series de televisión, (una veintena larga), telefilms (cuatro), películas (dos), documental (uno), libros (tres), obras de teatro (solo una estrenada), cartas de amor y desamor (muchas). Escribiré hasta que la demencia o la muerte me lo permita.

Hay mujeres y mujeres. También hay guerreras con forma de mujer. Así veo yo a Carmen Fernández Villalba: guerrera, guionista, persona amable y educada que guarda sus dolores para las páginas de sus escritos cuando le viene en gana. Ella es luminosa, siempre sonriente y siempre con ganas de compartir. Trabajar junto a ella es un viaje con final feliz garantizado. Desde aquí le agradezco que venga a nuestras palabras liberadas y sea una más en este mes de mayo que brilla como brilla ella. 

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