De niña quería cantar
usar un tono armonioso.
Melodía ajena en mi hogar.
De niña creía
«¡así me oirán!»
Me escuchó mi abuelo
y una mujer altruista,
dueña
de un cine de barrio,
profesora
de teatro,
de baile,
de entusiasmo.
Canté poco.
Ahora pongo voz a mis poemas
y que lleguen donde quieran
y que me escuche quien quiera.
Recitaré,
haré versos
envenenados,
heridos, apasionados,
trágicos, cómicos,
ligeros, desesperados.
Sublimaré la muerte,
daré vueltas
entre futuro, pasado
y presente.
Lestrigones, Cíclopes,
demonios cercanos
¡escuchad!
Salvada por los versos
poético final.
Texto y foto : Elena Azcondo
Escucha Salvada por los versos en la voz de Elena