Un cambio de aires

Por Anabel Lora Mingote

Siento que necesito aire.

Mi mente espesa por noticias que engullen mi alma hasta un recóndito y oscuro pozo de tristeza, hace que me entren ganas de vomitar. 

¡Pero qué le ocurre a la gente!

Observo anonadada en el telediario cómo se libra una guerra que solo unos pocos entienden. Bueno ésta, y tantas otras que por no salir en televisión creemos que ya no existen. 

El siglo XXI no me está sentando nada bien. No, corrijo, no nos está sentando nada bien. 

Y es que si echamos la vista atrás, es como si viviésemos en la época de las cavernas. En realidad, una de las pocas diferencias, a parte del avance de la tecnología, es que en vez de hablar en plan «unga, unga», tenemos un alfabeto. Aunque en algunas ocasiones, hay conversaciones en que lo único que se escucha es más ese «unga, unga» que una frase inteligente. 

Cuando era niña y leía a Julio Verne, a Asimov… soñaba con esas máquinas voladoras, coches más bien, viajes al centro de la tierra o a Venus, ordenadores parlanchines, asistentas del hogar robotizadas, colonizaciones espaciales… 

Pero llegó la juventud y la lectura me llevó a libros como «Un mundo feliz» de Aldous Huxley publicado en 1932, y al de George Orwell «1984» publicado en 1949. Fijaos si ha llovido desde que los publicaron y cada día son más actuales.

Las guerras, la hipocresía humana, el ansia de poder, la maldad, se abrieron camino entre los sueños cogidos con alfileres de la infancia, hacia una realidad que no era la que esperaba. O al menos, a una probable realidad que se asemejaba más al desarrollo de la humanidad. 

El ser humano posee algo hermoso e importante. La cultura. Ese bien preciado en forma de libros, de recuerdos de nuestros mayores, a los que por cierto les solemos decir que nos dejen en paz porque nos aburren con «sus batallitas».

Pero ¿quién lee hoy en día para aprender del pasado, y mejorar el presente y el futuro? ¿Quién dedica un tiempo a las ancianas y ancianos que tienen una historia que contar y que seguramente nos ayudarían a avanzar?

Ah, claro, el problema es que cada día que pasa, mudamos nuestra piel humana convirtiéndola en una costra de inseguridades y temores ¿Y quién se aprovecha de tal situación? Aquellas personas más listas, que no inteligentes, que nos utilizan en sus propios intereses.

De modo que os animo a leer prensa de todo tipo, libros variados, porque nadie tiene la verdad absoluta. No hay nada mejor que cotejar información, cuestionar lo que se lee y hacerse preguntas. Y sobre todo, charlar con nuestros mayores para aprender de sus vivencias y de sus errores.

En mi caso, lo seguiré haciendo. Porque no me resigno a ser solo un número. Me niego a pasar por la vida como el humo y desaparecer. Ya que hemos venido a la vida, vamos a vivirla, sentirla y amarla. Y lo más importante, vamos a intentar mejorarla. 


©2022, Texto y foto: Anabel Lora Mingote



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