En aquel lugar llega de viajar sin rumbo a un lugar pacifico….
un entorno natural donde solo se podía escuchar
el aire en una pradera inolvidable y misteriosa.
Solo deseaba descansar.
No sabía de aquel lugar, ni de sus extraños moradores;
fue el azar que la llevo a ese rincón.
La naturaleza y el anochecer la invitaron a gozar del instante sereno,
a dormir con demasía, soñando de su libertad.
La incógnita del lugar era exactamente en la época del año en que los días
eran cortos y el sol se acostaba temprano detrás del confín.
Era un hotel lúgubre que daba señales de un mundo solitario y escalofriante donde se pasan visiones extrañas creando una lucha en su locura.
Los huéspedes eran recibidos por jóvenes encerrados en cuerpos
de estudiantes dando una apariencia distinta de la real:
¿Qué vamos a hacer estas noches con nuestros huéspedes?
Cantaban en el rincón los insomnes.
Aquí, allá o acá.
¡De nuevo bajón!
Decía un elegante varón.
Entretanto la noche invitaba a los insomnes a activar la ciudad.
En ese momento de exaltación sucede algo inesperado.
Y el telón se abrió en la pradera abierta de la noche:
“Noche de luna llena y noche de insomnio”.
Los insomnes: aplaudían y gritaban hasta desgañitarse.
Es el mito de transformar y acechar a sus víctimas
en el momento de ir a dormir.
Quizás se atribuyen a la secuela de pasiones traicionadas,
desatando mayor angustia de insomnio y preocupación.
¿Qué sabían ellos que pasarían raras noches de inquietudes?
Junto a ella, que se bautizaba la Gran Dama, artista
llegaba el Gran Varón, cantante.
Llegada la noche, los insomnes, sofocando a los nuevos huéspedes,
con un viento estremecedor, y una canción escalofriante
que pesaba en sus cuerpos cansados.
“Noche de luna llena y noche de insomnio,
noche de dictadura del insomnio”.
“Solo” la magia, de los moradores del hotel del insomnio rodeaba su rededor.
El mito de transformar y acechar a sus víctimas en el momento de ir a dormir.
Ja, ja, ja. Se reían.
Quizás se atribuyen a la secuela de pasiones traicionadas,
mayor angustia de insomnio y preocupación.
¿Cómo sabían ellos que pasarían raras noches de inquietudes?
Mas aun estando sola, ingresó en ella el insomnio.
Un dialogo íntimo: ella y mi amigo el insomnio.
Te detesto.
¡Cómo te lo digo: no quiero ser tu amigo, ni amante, ni amor,
Ríndete: Quiero dormir.
Me persigues en las primeras horas de la noche.
¡Ya te pagué la cuota acordada!
Me has traicionado.
Eres el culpable de estos males, carajo.
Te lo advertí, quiero hechos, pendejo.
El culpable de mis desgraciados insomnios
es que él duerme como un cristal.
Te resulta, ¿verdad?
Su madre había fallecido.
¡Socorro madre; esto es siniestro!
Visualiza la caja de pandora y revela la esperanza, libertad,
su consuelo nocturno y dormir con su insomne.
Gozaba del momento: “dormiría sola”.
Se sentía desamparada, culpable de haberle puesto
los cuernos a su marido.
Los insomnes del jurado la declararon: CULPABLE.
Al escuchar bien un chichillo de ruidos y carcajadas
del proceso judicial.
Se asustaba, no se lo podía explicar, es imposible…
Se sentía tremendamente mal.
¡Intento de volver a cerrar los ojos y volver a voltear en la cama!…
Volcando y volcando en las sabanas…
Cada soplo que retozaba su mejilla veía figuras indescriptibles como un río
rápido y lúgubre y de un pasado silenciado.
Pensó en su madre, ella le daría fuerza para pensar:
mujer líder de la resistencia combatiente, compartiendo la batalla clandestinamente con rastros, estilo, locuras, relatos,
desastres y frustraciones.
En el peregrino camino o el salón de belleza o centros de madres
que lo llamaban el espacio imaginario.
Su madre le repetía relatos de resistencia, de dignidad, de valentía,
de iluminación de esas mujeres corajudas. Fueron las heroínas.
“Temo volver a mi cama y a mi insomnio, mamá.
Se sentía tremendamente mal, es imposible…
Intentar de volver a cerrar los ojos;
Voltear y voltear en la cama.
¡No tenía paz! De desesperación y de angustia.
Tomó un vaso de agua mientras se sentaba al borde de la cama.
Fantaseó en su nocturno insomnio, amigo; abrazándole
hasta dormir como un ángel envuelto de culpa.
Esos horribles sonidos que le impedían conciliar el sueño.
¡Noches de luna llena, noches de insomnio!
Un raudal de conjeturas, aunque no se conocían.
Esa misma noche tétrica se escuchó el grito.
Noche de terror, la anciana asesinada en la planta de abajo.
Solo se había oído arrastres de muebles y sonidos extraños.
El cadáver frio impresionó a la joven detective.
Era minuciosa para exponer
sus deducciones a través de los huéspedes.
Vino en ella la expresión mexicana, «La Manga del muerto”;
«incredulidad».
Misterio. Un crimen anormal, escasez de reseñas sobre la anciana.
Ya en el Hotel Insomnio, con su linterna, su libreto,
bolígrafo y situación insuperable que no la dejarían reposar.
El turno a la Gran dama y al Gran Varón provoco horas
de interrogatorios e insomnios.
Ni hierbas, ni gurúes u ocultismo, la desesperación y la angustia.
Ni la lectura de Virginia Wolf; no reconciliaban
el sueño de los huéspedes.
¿Como si el insomnio también pudiera ser un acto de resistencia?
Por eso mi amigo el insomnio, tiene sed de sus esperanzas:
“es un ser negro, oscuro hostígale, en que se pierde el sueño”.
Mi amigo, el insomnio canta.
“Nuestra vida que tenemos no es normal,
no la queremos cambiar.
Nos gusta molestar.
Somos locos y locos.
Somos los insomnes de la noche en nuestro hotel.
Brindamos con las balas que guardo para usted.
Somos felices porque no pueden dormir.
Comenzando cada noche con el ritual,
tengo un bajón que no me deja ni pensar.
Estoy tan loco, estoy tan loco.
Es una noche más en este hotel.
No tengo sueño, vamos a brindar.
No estás sola, más de una copa.
Y vamos a brindar por los insomnes del hotel”.