Llegó el verano mágico para llenarnos de alegría.
Resplandece el señor Sol, dando vida a los no creyentes
malhumorados ofreciéndoles un manjar de la existencia humana.
Risa compartida y algazara en los tiempos de sol
que se siente, se aromatiza con la lluvia de estrellas de alegría.
Hay que darle el fruto del espíritu, y el ritual y ritmo son del señor Sol.
Vamos adelante y en torno a una mesa en los jardines de la eterna juventud.
Juvenil y juventud de sentir el movimiento de las horas de verano en un bulevar o campo, regocijado departiendo entusiasmo a una vida normal y de rutina.
En otros lugares en los que el señor Sol
llega a los barrios donde el silencio es su principal fuente de inspiración.
Son ellos que dan un paso imprescindible,
la esencia y esperanza de alcanzar amistades por medio de la imaginación,
llenando goce a la amistad por unas horitas de felicidad.
Voces y el eco de las risas encuentran
refugio de aquel barrio silencioso.
Ellos acostumbrados al silencio salieron de sus hogares.
Uno de ellos, un anciano dulce, se acercó a los bohemios.
Quiero gozar con ustedes con una copita deliciosa gusto a placer.
Salud, prosperidad y felicidad.
El cigarrillo oloroso danzaba alrededor de la juventud. El humo parecía espirales elevadas hacia la infinidad la vida de los sueños. Los rostros llenos de risas, inspirados en cada uno de ellos
llenando pletóricas de cerveza vino o licor.
En aquel momento y el tiempo no existe de gente que brota la palabra del humor que vierte un bálsamo de entusiasmo y energía.
En el fondo un son tropical que invita a bailar,
música de liberación, música de un idilio con alas de recuerdo.
Las largas tardes sin tiempo de bohemios,
también de juventud.
Más tarde la gente mayor se integró
dejaron las amarguras
abriendo sus pechos por la llegada de
una nueva generación inspirada de los
atardeceres de voces brindando por estas horas
que nos de felicidad y ensueños envueltos de caricias de placer y compasión.
Texto: Ruth Iturriaga de Segall
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