Cada mañana sonaba el campanario
de la cárcel de mujeres.
Días ennegrecidos, insistentes al amanecer.
En el patio donde estaban las reclusas
purificaban el terruño del símbolo
Rojo, terror y miedo de infiltración
de pasos ocultos.
Cada día el ritual militar.
Ellas, mujeres insubordinadas, las intachables,
susurraban códigos incognoscibles con voces
plañideras en el patio central mísero,
lo que metafóricamente se dice alimento,
su caldo habitual,
en el patio de la cárcel para purificar un espacio
“manchado por la barbarie roja”
Un cuadro inhumano que existió,
el encarcelamiento del pensamiento,
ideales o ilusiones, de los que sueñan.
Ellos pretendían encadenar, mejor prohibir,
el pensamiento de la libertad que nunca acabará,
de la verde esperanza y la llama expresiva:
“Libertad”.
El río de mis pensamientos abre el horizonte
de voces de una geografía femenina.
Fluye el alma de manantiales una fuente
de dolor despierto y de ardiente espesura.
Consumidas en lágrimas suprimidas, infelices
con un pecho oprimido,
en sus inicios de acción.
Expandiendo un velo invisible para los ojos,
solo veían con los ojos del corazón.
Un gran silencio cubría la cárcel,
se movían con actitud noble
que brillaban en un horizonte por
la lucha-libertad.
Destellando el brío de la lengua
cantando, recitando o bailando.
Sentimientos puros, muy bellos,
como el alma desnudando recuerdos,
desbordando el tiempo de olvido.
Un lapso de miradas suaves
de un pasado turbulento,
de suspiros, sueños de llanto y melancolía.
Perfilando un pasado donde nació la pluma,
el pincel y la artesanía folclórica
de tierras en luto.
Era un cuadro inhumano,
el encarcelamiento
de las ideas de las que soñaban.
Un paisaje, de plena conciencia plena,
con risas cálidas envolviendo enlaces con
un halo invisible de virtudes y llamadas
no las desbordaron en el combate
de su femineidad:
“Bravura, sacrificio y tortura”.
Un cuadro, no concluido, con destinos truncados.
Tiempos de oscuridad en soledad.
Prisioneras políticas, encarceladas en los rincones
más extremos, las islas glaciales, aisladas del mundo.
Defendiendo sus dignidades y el amor por la justicia,
sin procesos, se extinguieron sus vidas en vivo y a sangre fría.
No colgaron tu pecho, mujer, señales de rebeldía y valor,
momentos de amargura y dolor.
Crimen perfecto de acción perversa:
“Embalsamadas arrojaron sus cuerpos vivos en el alta mar”.
Durante años, un ruido atronador, casi férreo, venía del mar,
avivó el interés de los pescadores y los cercanos del mar.
En esos amaneceres invernales de baja marea,
la mar triste y oscura fue devolviendo los cuerpos.
Ellas, testigos del martirio, la soledad fueron eliminadas,
utilizando la extorsión para que no contaminarán
la renacida letra:
“Libertad”.
Nacieron versos, cuadros y anónimos.
Nacieron bebés.
Ellos, bestialmente.
Ellas, insultadas.
Ellas, en silencio reprimidas.
Ellas, enmascaradas, violadas.
No nos reprimirán el pensamiento.
Libertario deambulando, sin miedo,
cuya memoria conquistará los tiempos.
Los carceleros, todopoderosos de
anochecidas intensas, abuso lascivo,
en las oscuras paredes anónimas.
Para ellos, era el secreto coloquio erótico,
ultrajando la sensibilidad y el honor de mujer.
El río de mis pensamientos abre el horizonte
voces de una geografía femenina.
Fluye un manantial de letras,
colores, bordados y tejidos.
Desafiando sus artes visuales a las botas negras.
Acogidas en una amurallada fuente
de dolor despierto y de ardiente espesura.
Ecos del tiempo de corazón,
Letras de lágrimas suprimidas,
brillan en un horizonte por la lucha-libertad,
destellando el brío de lengua liberadora
cantando, recitando o bailando.
Sentimientos puros en cada palabra,
muy bello como el alma
desnudando letras
desbordando el tiempo de olvido.
Un lapso de miradas suaves de un pasado turbulento,
de largos suspiros, sueños de llanto y melancolía.
Un pasado de lágrimas donde nació un pacto paciente,
conmovedor de verde esperanza
sin recuerdo y desamor o con recuerdos y amor.
Época destruida sin luces, muros de sus tedios escribían
mentalmente en la soledad desnudo para cantar de
“Libertad”.
Confieso, que sigo un rumbo nuevo, tierras donde
el resplandor de la presencia humana, humilde
y bienaventurado del hogaño, toman el aire
puro de la libertad.
En este rumbo encontré lo que mis ojos no querían leer ni ver.
¡Vivir entre rejas!
Un paisaje ignoto de presas políticas deciden decir la verdad,
a sus hijos.
“No se avergüencen de nosotras de tener a sus madres presas.
Sed orgullosos por la causa, la causa es qué deseamos
un mundo mejor, ahora y mañana para las futuras generaciones.
Hijos, tomad consciencia del derecho de cambios que necesita nuestra sociedad”.
Un mundo siniestro para sentir desconcierto entre rejas.
Sin duda, no perdieron el brío en absoluto.
Nació una era de erupción, pura y relevantes
palabras-sombras de infinitas noches en complot silente.
Tan pura, relevante colores en sombras de infinitas noches
en complot silente.
Un principio, la defensa de la libertad, justicia y humanidad.
Lo que no sabían, que la libertad mental, emocional
y espiritual les daba el coraje y la resiliencia creando
en las medias noches de cuatro paredes y rejas,
a las doce intachables sus historias, suspiros pintados
en sus inolvidables momentos relevantes de palabras,
sombras infinitas nocturnas en complot silente.
Algunas con un espíritu unido de un pasado y del ahora,
una formación estrecha relación de identidad real,
para proteger la hecatombe social de sobrevivencia.
Cobraban valentía en el tiempo que no corría,
de sus ilusiones marchitas.
Los susurros simbolizaban un nuevo lenguaje,
reales historias, estragos, daño físico y moral.
No se sentían abatidas, ni derrotadas.
Camuflaban sus vidas, volatilizando sus ideas
como un viento envuelto de angustia o congoja
con un nudo en sus gargantas.
Llegaban a las estaciones soñando de aquel
día que se enamoraron.
Contiendas en el campo o la ciudad.
Soñaban al despertar, ver el sol,
sentir las olas que crujían de un mar lejano
o en la cordillera cuando el arriero canta su cuita,
de tantos juramentos.
No todas eran escritoras.
Otras luchadoras de minorías conscientes,
oriundos de vastas tierras verdes.
Eran de acción, solidaridad total en represión.
Las intachables entrelazaron sus sangres, bajo cielos
atormentados,
dejando un legado lleno de sueños,
nunca abdicaban.
Pensamientos en represión.
Sus vidas, estrellando muros, identificaron su imaginación,
su femineidad.
Se decían en el día que esté libre: “Quemaremos las cárceles.
Cárcel en venta, futuro hotel.Otras: “Aquí levantaremos
nuestra memoria para la Sociedad.
Soñando entre rejas, sin sonrisas”.
Texto y foto: Ruth Iturriaga de Segal