La luna llegó a la tierra.
Se desvistió en el bosque, el dócil riachuelo,
la vio y se enamoró.
El espejo observó la inquietud del agua del riachuelo.
Sí, estoy enamorado.
El astuto reflejo del espejo reflexionó.
Iremos juntos y la amaremos.
Ella, desnuda, cobijada en su lecho nocturno
como una bella durmiente.
¡Qué bella eres! Le susurró el espejo y el riachuelo.
Vio su alma en ellos, dejando una imagen,
recuerdo de lo que los admiro, reflejando un reino
de sueños acuáticos y espejos:
un tocador, una fuente, manantial y riachuelo.
Ambos complementaban el amor por la luna.
Él: de carácter duro.
Ella: de carácter ondulante, he ahí su lenidad.
Jugaban enseñándole a la luna lo que era la amistad.
Ella encontró la mirada silenciosa
en un reposo lecho vergel,
y sobre su piel plateada,
con un oído que fueron un ramillete de melodías.
Ella y sus estrellas extasiadas miraban el agua dócil.
Mira,
mi corazón ornado de vida crecido entre este bosque
florece una eterna espera.
Veo el agua transparente y a la luna no le importa
el viento de la frondosidad, ni la noche.
Si, su belleza nocturna y estrellada.
Ella se enmarca en sus cuerpos enamorados el espejo y el agua.
El espacio, tiempo y luz no importan.
Tienes una cabellera que ilumina la tierra.
Tienes una cabellera que enlazas la noche.
El agua se tiende hacia su luna.
Es una noche de estrellas con tonos musicales lúcidos.
La luna sonrió, confesando al risueño riachuelo la verdad.
La luz la hace feliz.
Un cuadro luminoso en un círculo irisado se encuentra
en la profundidad del espejo imágenes con halo de misterio,
bondad y felices oráculos lunar.
En compañía nocturna de la sombra, la soledad y el silencio,
la luna embelesada se contempló ante tanta gracia
sin apreciar su escolta ni su rededor.
Se tomó un tiempo para levantar la mirada y entender.
Se trata del despertar de la vida en una nueva vida en la tierra.
¡O, No!
El coraje y la audacia del mundo yacen en tanta espesura
enamorando a la luna, luna de sus pensamientos
para llegar a sus labios con besos de agua.
Donde ella llegó, era un bosque vencedor de vientos
Se deslizaban las estrellas en el vasto verde jardín.
Llevando un mensaje, sin voz en un mundo robusto
sin saber de vivir como, aquí y así.
Era una joven hermosa luna que se nutría
con solo dar y recibir, con su rostro,
un el rostro de misterio y la aventura,
reconociendo que las palabras no eran su devoción.
Riachuelo, que das vida al entorno
con tu agua cristalina,
con el agua del riachuelo:
¡qué bello es mirarte luna esta tarde serena!
Un amor desnudo en un espejo foco de aguas vírgenes.
Oh, amor sediento que aflora de una ojeada te detuviste,
el aire del verso fue hacia ti.
Viste por primera vez la beldad luna convirtiéndote en mujer,
o en la ribera intentando moverse como una ondina o
cortejando el agua o el espejo del bosque
dejándola nadar como sirena entregándose a vos.
Él le confesaba
Quisiera ser tu amado, acariciándole su plateada mejilla.
Llevándote a la mujer que quiero,
y que la ensenada me la devolverá,
de los pasajes verdes, a tu cuerpo volverá.
Eres frente al espejo en el riachuelo, el perfil de mujer amada.
No te vayas, deja que las horas que vengan sean eternas,
por abandonar la estela bajo la noche oscura
Te envuelves de nuevo con tu tela blanca y tu escolta
Lanzando mensajes de tu belleza prometida
dejando la planicie, para la sonoridad del apetito.
Secreto de los dos, juntos en el silencio de la noche,
Ambos el agua y el espejo llevan la mujer luna en sus pensamientos.
Disfrutando con un amor fogoso.
Te mueves como una emperatriz en la noche oscura.
Buscas el momento de ver almas en la tierra.
El riachuelo susurraba.
Déjate amarte esta noche, luna mía.
Ella, elegante siguió su camino.
De ver gente ambulando a lo largo del inmenso imperio terrenal.
De sentir la hora del amor.
Un momento sedante, la luna esperaba la noche,
porque entonces reviviría.
Contaba los segundos, para que apareciera
en el atardecer, la luna plateada, en el bosque del sur.
El riachuelo soñador, la sentía pequeña, mejor, un ídolo puro
para encontrarla y declarar cuanto la amaba.
La luna anda por todas partes, acompañada de su séquito,
sus estrellas fieles.
Ellas definían a su LUNA
como la emperatriz lunar del universo.
Acariciándola, tierna luna.
Ella, nos da un ejemplo de liberación.
Que con su belleza sienten el silencio musical
y suprema bienaventuranza.
La luna atisbaba los recuerdos de noches anteriores.
La atisbaba con recuerdos y veía lo que quería ver.
En sus sueños en la tierra se convertía
en una gran dama, llevando como identificación
una urnita de aire lunar, encantada para la llegada del instante
cuando ella, mujer, de contar con vida
y hallar la hora de besarlo.
Su alma luna-mujer latía,
distinta las unas de las otras.
Horas de pasión.
No, no quiero que se vaya la noche.
Son horas mágicas de los labios de mí ser, en mi hombre abierto.
Eran solo un alma de una noche feliz.
La oscuridad selló los labios con un dulce sabor.
La noche cubrió el secreto como un tapiz de hebras de luz.
Fue una noche y otras más untando la brisa de los labios.
Misterios observados por los búhos del sur.
Misterios que no se saben dónde vienen,
si tienen vida o vuelan, aun un desafío nocturno con la Bella Luna.
Su caminar por la tierra dio a la luna una vida de olas de besos.
Su mirada amistosa con derechos de amor.
Encantada brotaba en ella la luz.
Encanto femenino y sensual, dulzura lunar.
De ella se escapaba su suspiro por dejar la tierra.
Dejar al hombre que amo cuando fue mujer.
Texto:Ruth Iturriada de Segall
Foto: freekpik.es