Escribir

Por Ruth Iturriaga de Segall

Que deseos tengo:

Escribir porque la palabra puede ser deliciosa, erótica, embustera, 

enamoradísima, falsa como el día oscuro, sombrío o quizás una marioneta 

que hace divertir al inocente público.

Ella, marioneta se burla en su interior.

¡Que fatuos sois, hombre!

Adoración a la palabra que nunca he parido en mis letras, 

inclinando la letra que nace desde mi corazón.

Escribir o no escribir, un lema.

Que puede ser como una medicina, cura mental,

expresar lo que sentís cuando tienes dolor u orgasmo.

Es el momento crucial.

Está solo, tendido con tu pañuelo nupcial. 

Con las aspirinas de antes o la actual rica dosis de marihuana, amigo.

Así podrá seguir escribiendo, dar luz, de nuevo a tu nuevo parto, 

como una ventana que se abre naciendo la palabra hablada.

Sin embargo tu subconsciente te dice:

Adelante amigo, vamos pa’a adelante o pa’a atras.*

Sabes porque escribo porque quiero llegar al túnel de la verdad.

El otro yo me dice: 

¿Qué es la verdad?

No me digas que no sabéis.

¡Todas mis esperanzas se han acabado, carajo!

Voy en busca del sendero libertario de la palabra.

Solo encuentro un laberinto de puertas sin salida, 

donde la palabra se esconde detrás de las palabras

para comenzar una nueva palabra, política.

¡No, no, puede ser!

Aún no está en el diccionario de la Real Academia de las palabras de la nueva sociedad.

No hay más reuniones políticas detrás del micro pieza, el altillo o el sótano.

¡Ahí está el secreto!

Solo hay saliva de estancar el proceso de la nueva democracia, sin complot.

Así escribo, así será.

Desnudarme frente a la verdad, eso sí, ropa íntima.

Escribo y a medida que escribo, pongo la firma elegante, de una elegante escritora. 

Escribo porque voy saboreando las letras, que tienen gusto a manjar, bajo la música creativa de la concentración para que no desafine mi inspiración. 

Descubriendo otro reto diario, debajo de la sabana o en las dunas de san Sebastián.

Escribo parte de las palabras como un pentagrama o un caleidoscopio.

El oído de una soprano asombra las cuerdas de mi arpa o de mis cuerdas vocales y de mis finos dedos.

Mientras escribo veo y bebo las palabras, son un mambo o cha-cha con un buen vino que ilumina el cuarteto de la felicidad.

¡Salud!

Ellas son bellas de nacimiento desde el momento que comenzamos hablar mamá, mamá. 

Primera palabra que dice un bebe.

Papá queda al costado al lado del muslo de la mujer, 

al otro lado del rio sonando.

Y llegara el día de la iluminación: Papá.

Es este camino fue naciendo la palabra, 

lentamente me bordo en mí, la poeta que soy.  

Con la letra pensada me poso desnuda, 

dándole carácter sensual a mis manos, propuesta como ilustración, 

desde el principio de la historia, inquieta y fértil.

Palabra escrita que puede disfrutar sin temores.

Palabra escrita que puede ser contaminada, lo dicho o lo hablado, palabra despreciada.

Una elección que debo seguir, es escribir.

El lector si le gusta tendrá que aceptar o tolerar.

Como una buena peregrina o buena samaritana.

Busco el camino para escribir porque la palabra no escrita

busca el alma que me conduce a escribir.

Busco el camino por el autor, el dios Amor.

Al escribir voy soltando la cadena inquebrantable en contra de la injusticia social.

En mi fuente de palabras expreso mi emoción.

Siento presente en mi mente copiando la palabra. 

Copiando frases que dictaba a mi corazón.

Escribo porque la palabra es una fuente de enlace de hablar, querer y tocar el corazón.

Escribo mis pensamientos porque mi pensamiento, 

Mi alegría es la savia de la vida que se llenó dentro de mí.

Escribo porque creo en la palabra poder,  toca los corazones, mientras viva voy a escribir.

En este jardín de palabras me extasío estando sola, soltando la cadena de la prohibición.


*pa’a: para

Texto: Ruth Iturriaga de Segall


COMPÁRTELO:

Facebook
X
LinkedIn
Email
WhatsApp

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

PUBLICACIONES RELACIONADAS

Señor Silencio

Brindando la vida

Horizonte