Muro

Por Ruth Iturriaga de Segall

Hoy, en otros momentos, me detengo,

revistiendo mi caleidoscopio para encontrar

en la geografía de mi memoria aquel momento,

poema lírico nacido para los presos políticos en un lugar del norte, el desierto,

Chile, soñando visitar mi desierto florido y volver a ver la penitenciaría de mi dolor.

Envolviendo ese dolor de esa constante impresión de angustia.

Del muro sin claraboya. La reclusión de la historia de los muros inmundos.

La historia del consuelo y desconsuelo.

Solo sabía que estaba vivo.

Su amor me daba el coraje de continuar la lucha en secreto.

Entretanto, las madres, esposas, familiares y amigos no los abandonaron.

Un encuentro, la merienda en la cárcel.

Unos no tenían visitas, otros eran observados como presas al azar.

Otros no tenían merienda, su familia no tenía cómo preparar un plato caliente.

El amor humano es inmenso y profundo.

Se solidarizaban y se repartían la merienda con una sonrisa. Gracias, viejo.

Así le decían a mi marido.

Tenéis una suegra y mujer que te adoran y te dan más para repartir.

Llegaba la hora oficial, un recluta impecable e implacable

daba las órdenes.

«Únicamente cinco minutos y nada más».

Nada de trucos políticos.

Si lo hacéis sentirán en las costillas el grito del viento y el tiempo.

¡Ahora somos nosotros los que gobernamos, hijos de puta!

La rutina diría con amor y paciencia, se estrellaban con el muro,

4 o más presos políticos para sentir la voz,

el aliento de esos labios que pedían amor.

Se motivaban para no hablar y de soñar que algún saldría,

estarían en la dulce luna de miel. Libre.

Señora, no le dije a usted que no lo hiciera con voz alta y grosera.

Usted insiste en besuquear a su marido delante de todos. 

¡Sin vergüenza!

Sarcásticamente, el recluta actuó más firme que nunca,

dirigiendo a su sargento.

¡Esta mujer no escucha!, mi sargento.

Mírela y mírela con sus 4 ojos, mi señor. Mire al preso.

No se da cuenta del delito político que hacen estos dos pendejos.

El recluta, muy interesado, le hacía la manga*.

Sobresalía la atención de él, para obtener el ascenso que tanto deseaba.

El sargento, pensativo y gruñón.

Llévatela al calabozo de mujeres.

Allí podrá besuquear a las mariconas.

Tenemos mucho trabajo en la arena.

Así daban su testimonio del poder

un «ambiente de represión, ansiedad y angustia»

o «momentos de exaltación heroica en los altibajos»,

los que los llamaban «los de afuera»*.

Imágenes o códigos secretos manifestando la colisión de la lucha.

Recuerdos históricos de los recluidos, nunca conocidas,

balanceando las disputas íntimas, entre lo cierto y la imaginación.

Todo aparece en el muro, por escrito, la vida,

un dolor quebrado en miles de hojas sobre, tortura, represión y alienación.

Al escribir este poema vi en el muro el grito de la desesperación,

soledad y la locura de mis seres queridos,

entre ellos mi marido, colegas y mis inocentes estudiantes

que soñaban con sus ideales.

Una marginada, una sociedad escindida: política, social, cultural y femenina.

También la mujer encarcelada manifestaba la rebeldía

en la comunidad machista, poder originado de tiempos muy lejanos

en la crónica de la sociedad y, en efecto, aceptada

como innato en el confín del mundo llamado Chile

durante la dictadura militar fascista.

Este retrato del muro se revela la idea del mundo rebelde y «subversivo»,

reclusión, y represión.

En el muro está escrito con uñas y sangre.

Llegando el momento del Muro, está escrito,

lo que sucede en su muro interior, su mente y su corazón,

y desde la prisión conversa silenciosamente con su amada.

Él escucha, compartiendo y solidario, la lucha entre políticos y presos.

Sin embargo, luchan clandestinamente.

El hombre es ingenioso en casos de calamidades,

de injusta y de encierro político.

Era el diálogo secreto dentro y fuera del recinto:

¡Código secreto, mencionado anteriormente, notas con solo un término; queso, jamón, lápiz

u otros ingresos de la memoria de papel de arroz, generalmente en la merienda de medio día!

La madre naturaleza aportó este largo secreto.

Mi llegada era siempre entre pánico, y alegría,

llevando a los nenes, afortunadamente

el guardia no me revisaba ni tampoco la merienda.

¡Qué orgullosa me sentía de haber hecho de nuevo la jugada al recluta!

Muchos de ellos eran mis estudiantes.

Me sentía protegida, advertida en forma natural.

Al escribir el muro de mis recuerdos, parados, entre muros,

los presos, llamados traidores,

fue naciendo el poema en mi norte querido,

poemario Girasol.

Cómo escribir el Muro si lo siento en mí, de cemento gris, alto y grueso.

En busca de palabras indescifrables e ininteligibles.

Únicamente él lo podía saber, el muro.

En la furia del muro desnudo y sin claraboya, cemento frío que rompió sus huesos.

Llegó el momento de la libertad, fidelidad tenue.

Es el testimonio,

libertad pura secreta en la vivencia del muro, la cárcel y el preso.

Todo es gris: privación, límite y encarcelamiento,

dieron rienda suelta a su expresión, muchas veces catártica,

sueños o simbólico, otras de política.

Llegó el momento histórico:

La caída.

Cayó la dictadura.

Somos libres.

La estrella del confín del mundo es libre.

La memoria de una historia negra y dolorosa de lo vivido.

Ahora en mi nueva tierra, tierra de tulipanes y molinos,

le he dado una vuelta de 180 grados y de reflexión sobre la vida.

La vida es única.

Más que todo es un don de la memoria, balanceando lo vivido.

Dar a conocer una historia que solo nació hoy.

Porque, hoy.

No lo sé.

En el desierto silente donde, sangra mi despedida, mi sol nortino.

El de turbados sueños.

Está en mi memoria el muro desnudo.

O quizás escribió su historia con sangre y uñas.

Lo oigo, me sigo, lo busco en el liso del silencio, mi amado.

Ahora estás libre.

Ahora estás en el fondo de tu mar azulado, mi amor.

Es una reflexión que floreció espontáneamente,

sin pensar y brotaron las palabras liberadas. Ahora cierro la página, mi amor.


Nota de la autora:

En este Muro he ido armonizando  mi pasado y el aquí y ahora con un encanto prosa poética. A veces como un relato.

le hacía la manga*. : hacerle la cama .

“los de afuera”*. :   en el norte se decía los que estaban contra la dictadura.

                         Código del idioma, grupo.


Texto: Ruth Iturriaga de Segall


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