No crean que no lo sé, que en el barrio me llaman «la entrometida», «la metomentodo», «la abeja Maya». Solo porque soy parlanchina. Porque me gusta el chisme. Pero a ellas también les gusta. Que la Antonia bien que me contó de la Carmen.
Porque sus dormitorios están pared con pared y los ruidos que se oyeron el sábado pasado, cuando la Carmen estaba fuera visitando a su madre, no son ruidos de oírse cuando la mujer no está en casa. Y que coincidieron cuando Juan, el marido de la Elisa, estaba en el estadio viendo el partido. Que este barrio es muy chiquito, nos conocemos todos. Y yo llevo aquí desde el principio, que los vi nacer. Que en aquel entonces los papás me pedían que les cuidara a sus criaturas. Ay, Herminia, si pudieras quedarte con la niña un ratito mientras vamos al baile, o al cine, o a una cena… me pedían con sonrisas llenas de dientes y yo siempre decía que sí, claro que sí, con gusto. Y a sus nenes cuidaba, y cuando se quedaban dormiditos, que de eso me aseguraba bien, mojando el chupete en un poquito de Oporto, me recorría la casa. La cocina con sus alacenas, sus vajillas y sus neveras, las salas de estar con sus marcos y álbumes de fotos y sus ajuares, los dormitorios con sus cómodas y sus armarios. Aprovechaba para abrir los cajones, probarme sus vestidos, sus joyas, acostarme en sus camas, oler sus colchas. A veces dejaba un pelo largo en la sábana o una horquilla bajo la almohada, pero bien escondida, que tardasen varios días en encontrarla. Y entonces observaba. El barrio era mi decorado y yo la directora de la función; ellos mis personajes. Y por qué, se preguntarán ustedes. La soledad, pensarán algunos. La viudedad, creerán otros. Pero no, nada de eso. Es por compartir, por socializar, por charlar, por comentar. Por el chisme. Los chismes del barrio, que nos unen y nos entretienen. No, no me lo agradezcan. Lo hago con gusto.
Escucha Metomentodo en la voz de Pilar
Texto: Pilar Pérez
Ilustración: The Gossips (Norman Rockwell)