Tiene la mirada en el último escalón de la escalera. Frente a ella, su hermana G. ronca al tomar aire y exhala un sonido agudo, como si estuviera a punto de llorar. R. mira sus pies. Sus medias blancas de algodón contrastan sobre la madera recién lustrada con petróleo. El olor la adormece. El marrón-rojizo cada vez más oscuro. R. roza el filo del escalón y su pie resbala. G. susurra que es pecado. R. levanta la mirada, le pide que se tranquilice. Pregunta si recuerda lo que tiene que hacer si todo sale mal. G. asiente, encoge los hombros y al soltarlos, sus lágrimas caen rumbo al primer piso. R. tiene los ojos húmedos también. Sacude la cabeza y vuelve a la escalera. Su respiración se acelera, las manos se humedecen.
Recuerda a su novio y su promesa de volver. Su pantalón la aprieta. Una amiga del colegio hizo lo mismo y todo resultó bien. Su rostro suda, las manos resbalan por el pasamanos. G. murmura que irá al infierno. Es un pecado muy grande, dice en voz alta. R. levanta la mirada y le dice que se calle. G. insiste, pregunta qué pasará si muere o se queda paralítica. R. le repite que sabe cómo hacerlo.
¿Y si no funciona? se pregunta. Intenta recordar lo que esa amiga le dijo. Un apretón en el pecho. La piel se le enfría. Recuerda que debe hacerlo sentada. Los golpes deben ser fuertes. Ojalá lo sean.
Sacude la cabeza otra vez, toma aire, cierra los ojos. Deja que sus pies resbalen.
El grito de G. en sus oídos. Los golpes en la madera. La voz del vecino de arriba, «temblor». Luego, silencio. R. no puede abrir la boca. Pasos apresurados bajan la escalera de dos en dos.
Está sentada en el suelo. Un ardor le sube por la espalda. Tiene los ojos muy abiertos, a la espera de la humedad entre sus piernas.
Humedad que nunca llegó.
El vecino le dice que no se mueva. R. mira hacia arriba. Choca con los ojos de su hermana. Se ha raspado los codos y empiezan a sangrar. G. quiere saber si puede levantarse. R. no sabe. Mira entre sus piernas. Niega con la cabeza. G. la observa, inquieta.
Aire frío en los brazos. Una punzada en el vientre.
Se gira y mira el primer escalón.
Las medias.
Texto: Karina Miñano
Imagen: Generada con la IA
Audio: voz Anabel Lore Mingote