Señoría

Por Patricia Cardona Roca

Foto: Noëlle Mauri

En el despacho del juez.

Absolución por falta de pruebas. Señoría, ¿qué pruebas necesita? ¿Se ha leído el peritaje psicológico de la niña? ¿Se lo ha leído? Yo sí. La niña no miente. No miente. Habló para proteger a su hermana pequeña. Mi hija tiene nueve años. ¿De verdad se lo ha leído? Porque si se lo ha leído y además lo ha entendido me parece usted un necio, Señoría. ¿Qué pruebas necesita? ¿Una cadera rota? ¿Una vagina desgarrada? ¿Un intento de suicidio? ¿O mejor, un suicidio consumado? ¿O el no va más de un asesinato? Si mi padre la hubiera ahogado en la bañera después de…. ¿creería usted a la niña? ¡Mi padre!, Señoría, ¡mi padre!

¡Joder! ¡Y yo de voluntaria en Save The Children! ¡Joder! Le dejo a mi hija y ¡joder, joder, joder! Es usted un cerdo y un hijo de la gran puta, Señoría. ¿Qué le sucede? ¿Se siente identificado con ese hombre calvo de espalda encorvada? ¿Se siente identificado con él y le da lástima? ¿Con la niña no? Mi hija va todas las semanas al psicólogo. ¡Vaya usted a saber por cuántos años! ¿Ha pasado usted por algún momento difícil en su vida? Mi hija, sí. Mi marido, sí. Y yo.  ¿No se puede identificar con mi marido al menos? No puede porque usted está viejo y se identifica con la soledad que le caería encima si un juez declarase que es usted un malnacido. Con eso se identifica usted. Señoría, usted me da asco. Su familia me da pena. ¿Tiene familia? Hágales un favor a ellos y al resto de la humanidad y quítese de en medio, Señoría. No sé por qué coño le llamo Señoría. Creo que me gusta como suena, Señoría, Señoría. No sé qué mal desearle. Usted siga con lo suyo que mi familia y yo seguiremos protegiendo a mi hija. Ayudándola, consolándola y arropándola cuando se mee en la cama, cuando grite en sueños, cuando no se quiera bañar. ¿Que mi hermana testificó a favor de mi padre? Qué jeta tiene ¿Sabe que mi hermana no me dejaba a solas con él? ¿Sabe que yo odiaba a mi hermana porque siempre tenía su atención? ¿Que la odiaba porque ellos hacían los deberes a solas y conmigo nunca? ¿Sabe que mi hermana está ahora con ataques de ira y no me habla? ¿Sabe que ahora me doy cuenta de que tal vez mi hermana me estuvo protegiendo y que ahora me toca a mí protegerla a ella? Usted siga con la conciencia esa que Dios le ha dado. Usted parece creer en Dios. Un Dios que desde luego no es el mío. No es el Dios que protege a los niños «Jesuses» y ni las niñas «Jesusas». Un Dios que solo protege a los que son como él, gordos, fofos, calvos, con cara de no haber roto un plato o de un gilipollas mirando una golosina. Tenga un día de mierda, pero de mierda pura, Señoría. 

Un mes después. En un instituto. A un grupo de adolescentes

…El juez no creyó a mi hija a pesar del peritaje psicológico. Allí estaba todo bien claro. Tres psicólogos. Ahora me arrepiento de haberle hecho pasar por eso. Le diagnosticaron síndrome de estrés postraumático y ansiedad. Come compulsivamente, se siente culpable, tiene miedo, le da vergüenza que la gente sepa lo sucedido cuando ella no ha hecho nada malo. Nada. En todo caso bueno, ha hablado para proteger a su hermana. Con nueve años se ha vuelto a orinar en la cama.  Soy su madre y, por supuesto, estoy enfadada con el juez que parece haber escuchado solo la parte del abusador, a mi padre. Sí, mi padre. La culpa me come por dentro por haberla dejado en sus manos. Mi marido y yo también estamos yendo a terapia. No somos culpables sin embargo nos culpamos. Necesitamos apoyo de profesionales para poder avanzar con nuestras vidas. 

Daos cuenta de que en muchas ocasiones los abusos sexuales no vienen acompañados de una agresividad extrema con lo cual no hay secuelas a nivel físico. El abusador no quiere dejar marcas. Pero las secuelas psicológicas son enormes. Siempre se cree a la víctima que está muerta. Entonces nadie lo duda. Por suerte mi hija está viva y va a recibir apoyo psicológico mientras lo necesite. Y el mío y el de mi marido, por supuesto. 

El juez al ser un hombre mayor con cierto parecido físico al abusador tal vez se identificara con él y se puso en su lugar. Fue totalmente incapaz de escuchar y empatizar con una niña de nueve años. Es lo único que se me ocurre. 

Hay que revisar nuestro modelo de justicia. Aunque sobre papel nuestras leyes están claras y protegen a las víctimas, el patriarcado donde vivimos tiene una devoción insana de proteger a los hombres blancos. ¿Qué hubiera pasado si el abusador hubiera sido negro? Lo hubieran condenado por el racismo del juez más que por el abuso sexual. Hubiera usado el abuso sexual como excusa para canalizar su racismo. Esto son únicamente conjeturas. Pero os invito a denunciar este tipo de conductas para corregir el mundo en el que vivimos. 

Recordad: No, es No. Solo Sí, es Sí. Tened la conversación, siempre. Antes y durante. Si la otra persona se queda paralizada o si no responde con entusiasmo, parad inmediatamente. El placer es cosa de dos.

Si os parece bien podemos empezar ya con el turno de preguntas. 

Me gusta ver tantas manos levantadas. 


Texto: © Patricia Cardona Roca


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