Deambulo entre los estertores de la vida.
Paisajes cansinos
pardos y deslucidos
se acumulan a mi paso
como un helado derretido entre los dedos
pringoso de leche y nata.
Me demoro en cada aliento
en cada silbido de mi pecho.
Cruje sediento,
lento, pausado,
cuajado de rotos y cosidos
de hilos viejos.
Maldito su último beso.
El beso de Judas.
Texto y foto: Anabel Lora Mingote
Escucha El beso de Judas en la voz de Anabel