En una entrevista.
—¿Nombre completo?
—María de los Ángeles y de la Inmaculada Concepción Suárez Rojas. Mis amigos me llaman Maic
—¿Edad exacta?
—Cuarenta y dos años, dos meses, un día y…—Maic mira el reloj— cuarenta tres minutos.
—¿Podría ser una asesina en serie?
—Con el sistema de creencias mediante el que rijo mi vida en estos momentos no podría ser una asesina en serie. Sin embargo en una situación extrema sí podría cometer un asesinato. El supuesto asesinato sería el producto de una lucha explosiva en la que yo ganaría por accidente. El sentimiento de victoria duraría hasta que me hubiera dado cuenta de que había matado a otra persona. A partir de ese momento viviría atormentada. Por un lado estaría contenta de estar viva y por otro tendría un flaco concepto de mí misma. Pongamos que esta entrevista se tuerce y acabo matándolo, es una mera hipótesis, ya le he dicho que con mi sistema de creencias y valores me resultaría imposible matarlo hoy, bueno, ni mañana, las cosas se tendrían que poner mal, pero que muy mal y además no llevo ningún arma encima. Perdón, son los nervios, estoy muy nerviosa, no, no tanto como para apuñalarlo, qué digo, no llevo ningún cuchillo encima, tranquilo. —Se toma una pausa para respirar— Llevo la navaja suiza que me regaló mi hijo antes de fallecer en el hospital, después de un accidente de montaña —Saca la navaja del bolso— Mire, la hoja apenas tiene cinco centímetros.—Vuelve a guardar la navaja—. Ya tengo superada su muerte, todo lo que se puede superar la muerte de un hijo. La navaja es mi amuleto. Él la llevaba siempre. Le daba suerte y pensé que me daría suerte a mí también hoy. —Intenta buscar la complicidad de su interlocutor con la mirada—. Cuando digo superado me refiero a que he estado en terapia, he superado la depresión, y ya no necesito hablar de Julián en todas las conversaciones. Me explico, ¿verdad? Pensé que le gustaría saber un poco más de mí, de mi vida íntima. Si no ¿a cuento de qué me pregunta si podría ser asesina en serie? —silencio, ambos toman un sorbo de agua, ella lo mira a los ojos fijamente—. Al médico que no supo diagnosticar a Julián, que metió la pata y por su culpa mi hijo la espichó… pues no le digo yo que no lo hubiera matado, o por lo menos dado una buena paliza hasta oír cómo le crujían los huesos, unas costillas por aquí, un fémur por allá, el cráneo. Soy muy auditiva. Pero como le digo mi sistema de creencias y para ser sincera la falta de fuerza física, fíjese usted, mido un metro cuarenta y ocho, y peso cuarenta y siete kilos. ¡Cómo iba yo a matar a ese médico! Con una inyección, pensará usted, pero no sería tan satisfactorio como una buena paliza. Me estoy yendo por las ramas. Son los nervios. Mi respuesta es no, no con el sistema de creencias actual, no podría ser asesina en serie. Dicho esto, si el trabajo requiere que las cambie, las cambio. Me considero una persona flexible. Si usted me explica el eslogan de la empresa “Hazlo y punto” y eso requiere de otros valores y creencias, me reprogramo “y punto” —le guiña un ojo—. Lo he hecho tantas veces.
—Muchas gracias María de los Ángeles de la Inmaculada Concepción. Damos la entrevista por finalizada. La llamaremos.
Se estrechan las manos. Maic se reúne con una amiga en el bar de enfrente de la empresa donde acaba de tener la entrevista.
—¿Cómo ha ido, guapa? —se cogen de las manos.
—Estaba un poco nerviosa, pero yo creo que súper bien —dan saltos y se abrazan.
—Cuenta.
—Ha ido muy bien, chica, muy bien. He seguido todos tus consejos, he sido específica, he contado un poco de mi vida, he hablado un poco de Julián, eso lo ha enternecido. Creo que también lo he dejado con ganas de saber más, se lo he visto en los ojos, tenía las pupilas dilatadas, y me ha prestado muchísima atención.
—¿Y?
—¡Me ha dicho que van a llamar!
—Cómo me alegro Maic, te lo mereces.
Las dos amigas se abrazan. Mientras en el departamento de recursos humanos:
—Sergio, ¿ya estás aquí? Has terminado muy pronto la entrevista ¿Qué te ha dicho cuando le has preguntado si podría estar viendo una serie?
—Escucha la grabación —pone el móvil sobre la mesa y le da al play
—¿Entonces?
—Si estás de acuerdo mañana le hago una oferta y le envío el contrato.
—Adelante.
Texto: Patricia Cardona Roca
Foto: Noëlle Mauri