El día más feliz de mi vida, dicen. Lo mismo me dijeron en mi primera comunión. Espero que la fiesta de mi boda sea un millón de veces mejor.
Llevo el vestido que quiero. Me caso con el hombre al que amo. Pero estoy cagada. La fiesta. Mi madre. Mi padre. Mi hermana. Mi hermano. Me alegro y me asfixio a la vez. Mis tías, mis tíos, mis primos…y luego su madre, su padre, todos sus «sus». Los mis, los sus. Y luego los nuestros. Nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo. Tanta, tanta, tanta, tanta, tanta, tanta gente. Espero que haya tarta para todos. Veo a todo el mundo feliz, celebrando el día más importante de mi vida, de nuestras vidas.
«Hija, no sabes lo contenta que estoy por ti, el matrimonio es lo mejor que te puede pasar» Me da un abrazo que me da placer y me empalaga a la vez. Qué cursi, es mi madre, de verdad.
«Purificación, chica, ahora ya solo te «frunjes» a uno el resto de tu vida. Menos mal has follado antes como yo te dije.» Se descojona, nos descojonamos. Yo no necesitaba que Mase me dijera que follara pero ella era y es mejor. Más natural, desenvuelta. Es una inspiración para cualquier mujer. Disfrutona del coño y de la vida.
«Preciosa, estás preciosa, con este vestido, maquillaje, sonrisa… Juanjo es el hombre más afortunado del mundo.» Y me quedo inquieta. ¿Ahora? ¿Mi vecino? ¿Me dice esto? A los trece años le pedí una foto carné de Sergio a su hermana y la tuve debajo de mi almohada tres años. Nunca le dije nada, los chicos eran los que se suponían que tenían que dar el primer paso. Él nunca me dijo nada y hoy, ¡hoy! ¿ ¡Me llama preciosa y me dice que Juanjo es el hombre más afortunado del mundo!? «Muchas gracias Sergio. Tú también estás muy guapo hoy. Gracias por venir a celebrar con nosotros» Le doy un beso en la mejilla y me voy a atender al resto de los invitados. Me tropiezo dos veces y deseo que no esté mirando. No me doy la vuelta. Intento parecer muy digna.
Tengo el vestido deshilachado por los bajos, lleno de ron y de tequila. No llevo zapatos desde hace horas. He atacado a Sergio cuando salía del baño y le he plantado un beso con lengua. Hay que besar a la novia, ¿no?. Se ha quedado de piedra pero ha reaccionado bien, lo ha disfrutado, y yo. Me he sentido poderosa. Le he dicho que Marta es una mujer muy afortunada. Y ya no sé si he tropezado o no, el ir descalza y estar borracha me da seguridad. Me acerco a Mase y le digo que tal vez me quede un polvo por echar. Se le quedan los ojos como platos con ganas de que le cuente más. Me río y le digo que es broma, pero no. Bailo con el hombre de mi vida, huele también a tequila. Recuerdo por qué me he casado con él y no con ningún otro. Bailamos So Payaso de Extremoduro, gritamos Me tiemblan los pies a su lado, A ver qué me dice después. Nos damos un morreo que despierta los vítores de todos nuestros amigos. Nos lamemos los restos de la sal del cuello el uno al otro. Juanjo se pierde en mi escote y yo lo empujo para que vaya bajando. Los invitados se vuelven locos haciendo fotos y vídeos. Es sin duda el día más feliz de mi vida. ¡Cómo quiero a este hombre! Mis padres se han ido hace ya rato porque no me querían ver borracha. Pero no se van a librar les voy a mandar todo el material.
Texto: © Patricia Cardona Roca
Foto: Noëlle Mauri