La vida es un tango

Por Anabel Lora Mingote

Qué pensarías si te digo que bailo sola.

Que los atardeceres son mi prolija merienda. 

En invierno bebo sus colores hasta hartarme de su luz anaranjada que se disipa en el horizonte, y las motas de polvo se adueñan de mi iris para danzar en medio de las cenizas de las nubes. 

Aparte de eso, no tengo nada que llevarme a la boca. Ni siquiera un beso.

Hace tiempo que aprendí que la vida es un tango. Que lo mismo que se intercalan los pasos y se endulzan los senos en medio de compases de ochos, me recorre el ansia por sentirme viva y deseada. En tus brazos. En esa mordida recogida entre tus manos, y reposar la mía en la línea de tu nuca. 

Qué pensarías si te digo que hoy es mi último día. 

Que he decidido planear hasta encontrarme a mí misma. Desatar los nudos que me acomplejan y experimentar con el roce de la brisa vadeando una nueva línea de vida. Una en la que me cubra como una gran ola y barra los sueños que acabaron vendidos por pesadillas.  

Qué me dirías si te digo ahora, no mañana, ni más tarde, ni luego. Que es el momento.

Es hora de calzarte mis zapatos, de vestirte con la áspera túnica que deja mi piel sarpullida, y de comer los granos de pienso que dispuse para los cuervos aparcados en los hilos de la noche.

Qué me dirías si te pido un cambio de baile.

Hasta quedar sin aliento

Piel con piel

Solos.


Texto y foto: Anabel Lora Mingote


Escucha La vida es un tango en la voz de Anabel

COMPÁRTELO:

Facebook
X
LinkedIn
Email
WhatsApp

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

PUBLICACIONES RELACIONADAS

Qué me importa

Oro negro

Villancico