Saber demasiado

“Hay una especie de tristeza que viene de saber demasiado, de ver el mundo como realmente es. Es la tristeza de entender que la vida no es una gran aventura, sino una serie de pequeños, insignificantes momentos, que el amor no es un cuento de hadas, sino una emoción frágil y fugaz, que la felicidad no es un estado permanente, sino una rara y fugaz vista de algo que nunca podremos sostener. Y en ese entendimiento, hay una profunda soledad, una sensación de estar aislado del mundo, de otras personas, de uno mismo.”  Fragmento de “Al Faro”, Virginia Woolf. 

Parece que fue ayer cuando despedimos la Nochevieja con un vaso de cava y doce uvas. Algunas personas se alejaban con prisa, como si una despedida alargara el mal sabor que había quedado en la boca de miles de ciudadanos del mundo. Era la última velada de una temporada impregnada de miedo, guerra, incertidumbre y muerte.

La mayoría de la gente estuvo de acuerdo en algo: el año que terminaba se llevaba el récord en ser uno de los más difíciles y complicados.  Y no es que hubiera competencia en esto, pero el sumario de los meses es algo que aficiona a los más decepcionados. 

¿Y los optimistas? ¿Acaso también nos habíamos convertido en unos todólogos? Al presentarse el mundo tal cual era, ninguna noticia pasaba desapercibida. Los entusiastas habíamos caído en esa especie de tristeza, bien advertida en los textos de Virginia Woolf. 

«Fue el final de una época que se esfumaba con el viento. »

Había quedado claro que ya sabíamos demasiado. 

Esa noche, esquivé la profunda soledad. Entre el gentío que aplaudía los fuegos artificiales, esperé el último abrazo del año que partía. 

El cielo resplandeció con la magia y el estruendo de los cohetes que ascendían hacia el firmamento, cada uno más espectacular que el anterior. Las luces se transformaban en cascadas de colores violeta, rosa y naranja. Aluviones de estrellas relucientes y fugaces que caían al mar como si de un precipicio se tratara.  El estallido de aquellos instantes de luz llenaba de euforia cada poro de mi piel. Fuego, humo, color y sonido convirtieron la suma de días por venir en un arcoíris de felicidad. Múltiples tonalidades tan radiantes que cegaban después de varios segundos de contemplación. Mi mente y vista dejaron ir el oscuro para acariciar lo luminoso.  Exactamente la misma gama de claros que pintaron el verano, cuando Él llegó a mi vida. Instantes de dicha transparente que se oponían a la palabra escrita de Virginia.   

Fue el final de una época que se esfumaba con el viento. Ese mismo viento que como un vendaval borraba parte de la memoria de todos los optimistas. 

Nos dejaba con una suave sonrisa al alba y el presagio de que algo mejor se divisaba…


Texto: Mayte Calderón Grobet
Foto: Al Faro – Portada de la primera edición del libro de Virginia Woolf


Escucha Saber demasiado en la voz de Mayte

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