Buscas entre los escombros de un corazón desconchado.
Buscas con la esperanza de encontrar una respuesta a un por qué.
Ese mismo que se esconde y encoge para no ser encontrado. Por vergüenza, por miedo a verse contra las cuerdas de la realidad. Esa a la que no quiere enfrentarse por temor al fracaso.
Por qué la vida se resiste entre los hilos de las verdades a medias, suspiros equivocados y miradas atropelladas. Me recuerda a las moscas y mosquitos golpeando una y otra vez los cristales de las ventanas deseosos de respirar en el espejismo que se encuentra al otro lado, incapaces de batir sus alas dos centímetros más para hallar la ansiada realidad.
Qué triste, pero a la vez qué liberador es reparar en la no equivocación de tus pensamientos cuando ese por qué brilla frente a ti dando respuesta a esa pregunta que tanto tiempo atrás no querías reconocer, pero que conocías de antemano.
Y, sin embargo, es ahora cuando preparada para emprender un nuevo viaje, dar un giro a tu existencia, te reencuentras contigo misma y respiras en paz.
Un, dos, tres…
Sientes la venda que cubre tu mirada, tu ser. ¿Tanto tiempo llevaba incrustada, que cubría incluso tu alma, asfixiando hasta el más mínimo pensamiento?
Cuatro, cinco, seis…
Cae la venda a tus pies. Deshecha como volutas de papel quemado. Se desprende como una costra reseca y maloliente que por fin tu cuerpo ha rechazado.
Siete, ocho, nueve…
Sientes la liberación que da saber la respuesta a tan callada vida. A no ser la culpable de los errores ajenos. Ni tan siquiera de los que han querido suscribir a tu nombre.
Diez…
Y qué más da lo que opinen los demás, si al final del recorrido, tienes que rendir cuentas de tu propia vida. Y ahora, más que nunca, has encontrado la fuerza para empezar a vivirla como debes, como quieres, como tú decides.
©2021, Texto y foto: Anabel Lora Mingote