La furia masculla en mis entrañas.
Las hormigas corretean por mi garganta.
La saliva, seca.
Mis dientes, las cuentas de un rosario.
¿Tan complicado decirlo?
Solo es una palabra
Menuda
Chiquita
Cortita como yo me siento ahora.
Mi estómago
Encogido
Bruñido por la rabia
Soporta la tormenta.
No.
No me apetece.
No.
No quiero.
No.
Espera: lo estoy haciendo YO.
Las ganas se pudren con la bilis
El miedo sabe a hierro
El NO se me ríe en la cara
Y yo me vuelvo hacia dentro.
Otro día lo digo.
NO.
Otro día me atrevo.
NO
Otro día…
NO, NO y NO.
La amargura emponzoña el aire
Lloro, me retuerzo
El cáncer hierve a fuego lento
No…
n…
…
Texto y foto: Anabel Lora Mingote
4 respuestas
Cuánto cuesta decir a veces NO, con los años alguna vez nos atrevemos…
Sí, Esther. Es muy difícil sobre todo porque intentas empatizar, pero a veces, es necesario. Gracias por pasarte por Liberemos 🙂
El NO como herramienta de salvación. El NO como impulso verdadero del yo.
Si, cuesta mucho cuando el SI piensa en los demás pero a veces el NO cura y sana al YO.
Gracias por esta reflexión escrita con ritmo y maestria.
La verdad es que pensamos en el Sí y en el No pero pocas veces nos atrevemos a decir uno u otro según la situación. Es una reflexión que deberíamos hacer y dar nuestra opinión con cariño y respeto hacia la otra persona. Y si es una respuesta, es decir, no se trata de una opinión, debemos empezar a sentirnos libres para darla. Gracias, Mayte por pasarte 🙂