La ansiedad electriza mi cuerpo
Sus palabras me mastican a dentelladas
Buscan hueso que roer
Las uñas rotas
El pecho a punto de naufragar
Las neuronas revoltosas juegan frenéticas
En busca del tesoro
que me salve de este momento traidor
Una chispa se enciende
Lo escondí bajo el fondo de las sartenes
luce aburrido, a la espera de ser comido
Retiro el envoltorio sin decoro
Y allí está ella
La última pastilla de poderoso azúcar
Me hace salivar sin aliento
Sentada en el suelo con las piernas cruzadas
Como si estuviese en un campamento
Ante un buen fuego
Devoro el chocolate envuelto en papel de plata
Me relamo con cada mordisco
Chupeteo mis dedos manchados de oro negro
Exhalo el aire contenido
El cerebro ya no marca la pauta
La vida sigue su curso.
Texto e imagen: Anabel Lora Mingote
4 respuestas
Si, así lo acostumbro llamar, el oro negro de un chocolate oscuro (70%) que me lleva a recordar los pequeños placeras de la vida. Gracias por estas palabras!
Pues sí que es uno de los pequeños placeres de la vida. Me alegra hayas reconocido las palabras. Gracias, Mayte
La verdad es que hay poco placeres que cuesten tan poco. Me ha encantado escucharte y leerte a la vez.
Qué alegría, Esther. Muchas gracias por dedicarme un ratito de tu tiempo para leerme y escucharme. Eso, y comer un poquito de chocolate 😉