Al otro lado de mi libido

Por Nora Vargas

Entendí hace poco
que la vida es pasajera
y eterna la madre tierra
entendí eso 
mirando a un amigo que va a morir
no sabe el día exacto pero ya está cantado
le llegó esa peste que hace sufrir
el dolor de saber que tu muerte está cerca
pero la dicha de preparar tu funeral.
Entendido eso
disfruté ese banquete 
me entregué a mi marido con carne y huesos 
disfruté el éxito del orgasmo
me quedé dormida 
adolorida de amar un primer día de año nuevo. 
Desperté espantada
miré el reloj 
faltaba siete horas para terminar el día
mi cuerpo aún destilaba placer
esta carne no aguanta las caricias de mi marido
me pelan hasta las entrañas 
porque aprendió a recorrer mi cuerpo.
Al otro lado de mi libido
estaba plantada su carita de mil colores
triste y sin consuelo
tantos años soportando ambiciones incontroladas
entre copas y banquetes
mientras ella solo pare hijos
a quienes el placer los hace irresponsables
ella la madre de todos,
la tierra, la Pachamama que sostiene nuestra vida y nuestra muerte.
Cogí una bolsa
la misma de años anteriores
coloqué tamarindo, mi fruta favorita
papa, el alimento del mundo
quinoa, el grano de oro de los Incas 
una manzana colorada y redonda
más fruta, más verdura
me sentí culpable de estar tarde
corrí bajo la oscuridad del día en Ámsterdam
aves guardadas
dejaban sentir el silencio
plantas mustias por el frío
se dejaban ver bajo la luz artificial
me arrodillé bajo un árbol
y mientras abría su regocijo de ella, la tierra
caían hojas secas
acariciando mi espalda
como los finos dedos de mi marido
coloqué los frutos en su seno
agradecí por la vida 
por sus frutos que estuvieron en mi banquete
y por la oportunidad de agasajarla.
Al final de la ceremonia 
pedí a la Pacha que reciba a mi amigo
que caliente las cenizas de su cuerpo
para que siga recorriendo el mundo
pero esta vez sin frontera alguna.

Texto y foto: Nora Vargas


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