Detente, imagen del encantamiento que más siento
hermosa ilusión porque me encuentro, VIVO
dulce palabra de un cosmopolitismo actual.
No germina de las flores, es más una virtud
el tiempo no se podrá desvestir de su valor.
Desde este mismo horizonte, de un viaje
donde se alejan las golondrinas
el sol matutino extiende el rayo con un suave velo de ternura.
Ellas son el pasaporte, viajeras de estación a estación.
Vislumbran una senda, cosmopolita de libertades.
Vislumbran una senda, cosmopolita de culturas.
Las encuentra ahora, su canto y voces
para encarnar danzantes que recorren el mundo
danzantes de los vientos de la innovación.
Un desplazamiento voluntario, literario
correspondencia de vientos poéticos
de encuentros en senderos
donde se encasta el sur profundo
profundo diálogo, la flor y el canto.
He aquí un diálogo cosmopolita, intermediario
de fronteras en expansión.
Cosmopolitismo, dulce palabra
no germina de las flores, es más una virtud que el tiempo
no podrá desvestir de su valor.
El aquí y el ahora no germina la razón
ni la humanidad
ni el florecimiento
ya no encarna la leyenda arcaica de la región
del hombre universal.
¿Quiénes son o somos?
Poetas y más poetas.
Y la sociedad cosmopolita del hoy
víctimas de la modernidad
del fracaso de la movilidad del capital
la pérdida de la sensibilidad y el amor
desvestidos, desnutridos y violados
sus derechos de pertenecer a una nación
dispensando generosidad los vergeles y parques
con un alma abierta de sinceridad
la floresta misteriosa ornamenta la ciudad
el nuevo migrante poeta se deslumbra de
tanta belleza multicultural.
Una mirada más cosmopolita plausible se difunde
a tal anchura, cosmopolita literaria
espacio que abriga a la comunidad mundial
sin fronteras.
Una megalópolis multicultural;
«poeta-escritor
ciudadano del globo
poeta de la tierra».
Existencia del momento, hay una historia
la palabra oral de los tiempos cobra vida.
¿Qué haría el mundo sin palabras que no hablen del mundo
sin travesías
sin andanzas
un caminar sin sentido ni rumbo, no existen
la palabra, el lenguaje, ingenio que crea y recrea el mundo?
Hablamos del tiempo
y de años somos.
Un cuerpo de pies a cabeza y una boca para hablar.
Una cabeza para pensar y una mano para escribir.
La vida se siente en nuestros pies, todo se borra.
Los recuerdos vienen como pasos de las huellas del tiempo.
Estoy ahora hilvanando los rastros (pienso inteligible) del puente.
Puente invisible del rastro del tiempo
de palpar y apreciar la vida actual
quizás limitada e idónea, señera e incluso
adonde la percepción, me lo permite
a través de mis ideas poéticas
lentes de mujer.
Apartando de mí la identidad de las palabras y la memoria
puente del conocimiento y la belleza de la amistad.
Detente
si la seducción de la virtud atractiva
digna de mi sensibilidad abre el lazo del corazón
abriendo mi pasión que se labra como prisión
dejándome llevar por mi real ensueño.
Me mantuve silenciosa, huyendo de la tormenta de dolor
bajo mi mutismo sombrío hecha polvo y molida de soledad.
Todo es diferente al despertar que el alba va contemplando
las estrellas sonrientes de hondas miradas para encantar el día.
La cuerda, inhalación inesperada.
Nada. Ni voces, ni sollozos o lo ínfimo.
Yo hilvano el reino de los prados, palabra envuelta por un tiempo
asentada la verdad desnuda de su corola, semi dorada abrazada de espinas.
¡Cuán atractivo es el vergel, un mundo desconocido
con una brisa abrileña, brisa y viva
abrochando los recuerdos del arcón!
Ahora mismo este mundo de ogros
se aterriza si piensas cambiar el ritmo de vida
o con la palma de tus manos.
La floresta marchita.
Tiempo en que busco tus labios
en una noche súbita y deseosa de pasión.
Ha sido una fuerza de fuego.
Floresta sellada de mil candados.
Ni el sueño ni la marcha sigilosa
pálida y desnuda la sombra del recuerdo.
En los senderos nocturnos avanza la cohorte sin patria ni rostro.
¡Mudez del miedo, tormento alterado e irreconocible
del soñado Edén terrenal!
Tierras destrozadas y arruinadas, sin rostros
solo un río ensangrentado de aquellos sin caras y siluetas destrozadas
abandonan todo, dejando atrás sus rostros
rostros de sal, muda y dura es el padecimiento.
La incertidumbre mantiene su lecho y su pena, grita.
¡Aquí estoy, dejadme entrar!
Salir para llegar o entrar.
Dejadme dormir.
Texto y foto: Ruth Iturriaga de Segall
Foto: Tim Mossholder