Detente

Por Ruth Iturriaga de Segall

Detente, imagen del encantamiento que más siento

hermosa ilusión porque me encuentro, VIVO

dulce palabra de un cosmopolitismo actual.

No germina de las flores, es más una virtud

el tiempo no se podrá desvestir de su valor.

Desde este mismo horizonte, de un viaje

donde se alejan las golondrinas

el sol matutino extiende el rayo con un suave velo de ternura.

Ellas son el pasaporte, viajeras de estación a estación.

Vislumbran una senda, cosmopolita de libertades.

Vislumbran una senda, cosmopolita de culturas.

Las encuentra ahora, su canto y voces 

para encarnar danzantes que recorren el mundo 

danzantes de los vientos de la innovación.

Un desplazamiento voluntario, literario 

correspondencia de vientos poéticos

de encuentros en senderos 

donde se encasta el sur profundo

profundo diálogo, la flor y el canto.

He aquí un diálogo cosmopolita, intermediario 

de fronteras en expansión.

Cosmopolitismo, dulce palabra

no germina de las flores, es más una virtud que el tiempo 

no podrá desvestir de su valor.     

El aquí y el ahora no germina la razón

ni la humanidad

ni el florecimiento

ya no encarna la leyenda arcaica de la región

del hombre universal.  

¿Quiénes son o somos? 

Poetas y más poetas.

Y la sociedad cosmopolita del hoy

víctimas de la modernidad

del fracaso de la movilidad del capital  

la pérdida de la sensibilidad y el amor

desvestidos, desnutridos y violados 

sus derechos de pertenecer a una nación 

dispensando generosidad los vergeles y parques

con un alma abierta de sinceridad

la floresta misteriosa ornamenta la ciudad

el nuevo migrante poeta se deslumbra de 

tanta belleza multicultural.

Una mirada más cosmopolita plausible se difunde 

a tal anchura, cosmopolita literaria 

espacio que abriga a la comunidad mundial

sin fronteras.

Una megalópolis multicultural;

«poeta-escritor

ciudadano del globo 

poeta de la tierra».

Existencia del momento, hay una historia 

la palabra oral de los tiempos cobra vida. 

¿Qué haría el mundo sin palabras que no hablen del mundo

sin travesías 

sin andanzas 

un caminar sin sentido ni rumbo, no existen 

la palabra, el lenguaje, ingenio que crea y recrea el mundo?

Hablamos del tiempo 

y de años somos.

Un cuerpo de pies a cabeza y una boca para hablar.

Una cabeza para pensar y una mano para escribir.

La vida se siente en nuestros pies, todo se borra.

Los recuerdos vienen como pasos de las huellas del tiempo.

Estoy ahora hilvanando los rastros (pienso inteligible) del puente. 

Puente invisible del rastro del tiempo

de palpar y apreciar la vida actual  

quizás limitada e idónea, señera e incluso 

adonde la percepción, me lo permite

a través de mis ideas poéticas

lentes de mujer. 

Apartando de mí la identidad de las palabras y la memoria

puente del conocimiento y la belleza de la amistad.

Detente

si la seducción de la virtud atractiva

digna de mi sensibilidad abre el lazo del corazón

abriendo mi pasión que se labra como prisión 

dejándome llevar por mi real ensueño.

Me mantuve silenciosa, huyendo de la tormenta de dolor 

bajo mi mutismo sombrío hecha polvo y molida de soledad.

Todo es diferente al despertar que el alba va contemplando 

las estrellas sonrientes de hondas miradas para encantar el día. 

La cuerda, inhalación inesperada.

Nada. Ni voces, ni  sollozos o lo ínfimo.

Yo hilvano el reino de los prados, palabra envuelta por un tiempo 

asentada la verdad desnuda de su corola, semi dorada abrazada de espinas. 

¡Cuán atractivo es el vergel, un mundo desconocido 

con una brisa abrileña, brisa  y viva

abrochando los recuerdos del arcón!

Ahora mismo este mundo de ogros 

se aterriza si piensas cambiar el ritmo de vida

o con la palma de tus manos.

La floresta marchita.

Tiempo en que busco tus labios

en una noche súbita y deseosa de pasión.   

Ha sido una fuerza de fuego.

Floresta sellada de mil candados.

Ni el sueño ni la marcha sigilosa 

pálida y desnuda la sombra del recuerdo.

En los senderos nocturnos avanza la cohorte sin patria ni rostro.

¡Mudez del miedo, tormento alterado e irreconocible 

del soñado Edén terrenal!

Tierras destrozadas y arruinadas, sin rostros

solo un río ensangrentado de aquellos sin caras y siluetas destrozadas 

abandonan todo, dejando atrás sus rostros

rostros de sal, muda y dura es el padecimiento.

La incertidumbre mantiene su lecho y su pena, grita.

¡Aquí estoy, dejadme entrar!

Salir para llegar o entrar.

Dejadme dormir.


Texto y foto: Ruth Iturriaga de Segall

Foto: Tim Mossholder

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