Alegría comenzaría una nueva vida, vida y amor libre,
así sentía su existencia.
Tenía razón, su poder de seducción de esa sonrisa,
de su compañero de estudios de aquel entonces; la espera.
Despierta, hasta que los primeros rayos del alba rozaran su rostro,
soñando de su inolvidable galante, su mina de caracol.
Lo idealizaba. En el campus universitario se burlaban por su aspecto físico, flacucho, demacrado y sin azufre*.
Los estudiantes salieron a las calles de la ciudad protestando incansablemente por los drásticos cambios en la enseñanza superior.
Protestas nacionales que repercutieron sobre derecho de la libertad. Lo que lo llamaban el Banquete de la Libertad de opinión dada por los estudiantes.
Se sentían mutilados por la ausencia del líder estudiantil. Eran criticados por distorsionar el orden público. Allá vienen los revolucionarios, los nadie.
El ambiente era dilatado bajo un paisaje de un cielo azul natural cortejando de palomas blancas a la masa estudiantil, de melenudos, desordenado en sus actitudes personales y su manera de hablar.
En el pódium de la plaza mayor apareció el estudiante flacucho, demacrado y sin azufre, dirigiéndose a la floresta estudiantil:
En este momento que les hablo, hablo de la historia estudiantil.
Ahora escogeremos un sendero u otro: la resignación, o enfrentarnos. La rebeldía comienza con nuestra presencia. Somos un producto de una sociedad de conciencia y no aceptamos más la resignación que a mi parecer es como una droga.
Tenemos un problema con la nueva ley universitaria, No somos rebeldes.
Nos enfrentamos a las consecuencias, nos quitan nuestros derechos
de libertad y limitaciones para estudiar.
Somos estudiantes y no podemos darnos el lujo de perder, por un acto de rebeldía,
de no continuar estudiando.
Decimos «Basta» degradación juvenil en formación.
Reflexionamos de nuestras inquietudes: Al igual que todos.
Y para peor destruir la mente, nuestra memoria, historia y vivencias.
Somos la representación social estudiantil en acción.
En nuestra tierra, en nuestra plaza estará presente el recuerdo de la manifestación estudiantil.
Estamos aquí, volviendo a reptar por las calles y dar luz al día con nuevas ideas.
Una ovación unánime nació en el corazón de todos los presentes.
Respondió como lágrimas de su corazón.
Es nuestro modo de ayuda para desmascarar el poder, la farsa y la astucia educacional con fines políticos.
No queremos muertos entre nosotros y civiles, gente inocente por un machete o revolver
por 10,000 pesos.
Solo esperamos, pacíficamente que por sí sola la justicia de lugar a un amanecer primaveral de los vencidos.
Se mantenía tan hermosa como en su juventud de falsas cortas, medias negras y labios rojos.
Era su creación perfecta de su estudiante “sin nada ni nadie”; amor utópico.
Por encima de todo deseaba tomar contacto de aquel estudiante flacucho y un gran orador, de volver al ayer,
como era su cuerpo, su sonrisa y su melena hippie y sobre su habla chispeante nativa de él.
Siempre había soñado con un encuentro de la voz Potosí.
Pasado turbulento donde nació incognitamente una nueva voz,
una visión estudiantil.
Estudiante sin nada y nadie de una oratoria con sentido de la vida.
Allí en el mismo momento se cruzaron sus corazones.
En su alcoba se sentía relajada, con el encanto de su sensualidad:
Celebrar la vida.
Era el momento propicio y responder al saludo
e invitación del gran BANQUETE.
Soñaba despierta.
Sonó el teléfono.
Buenas noches, con Alegría de los Santos.
Buenas noches, soy yo, el don nadie y sin nada.
¿Me recuerdas?
En su suite, se detuvo la vida y la respiración.
Juego de palabras surgieron:
Anhelando ese amor contenido.
Ni el tiempo ni el espacio los detuvo
guardado como un tesoro, la memoria viva.
Las palabras fluían como una vertiente.
Se entrecruzan a través de la línea,
Por una sonrisa hay un muro que elevar.
Por una lágrima hay un velo para lanzar.
Por cariño hay un mundo que alcanzar.
Las horas corren en nuestros cuerpos serranos.
El, ahora, un caballero golpea sus sentimientos.
Vamos, Alegría.
En la ciudad he dispuesto, un reservado restaurante, para los dos.
Un Banquete Alegría, como tu nombre.
Al entrar con tu natural sonrisa cautivadora de la ciudad.
Ella, presintió que la noche era un reencuentro
con el esplendor de la luz del atardecer.
Ella, discreta, le dijo que iría en tranvía.
¡Nooooooooooo!
¡Qué te parece!, mi chofer te irá a buscar a las 18.30 pm.
En punto.
De acuerdo.
Ella se veía esplendorosa y llena de sueños afables.
Una limusina blanca, especial para ella.
Disimulo delante del chofer.
Se sentía la estudiante privilegiada, entre las privilegiadas.
Los buenos irán al reino de los reinos para deleitarse junto a Eros,
para seducir con su palabra inolvidable, subiendo con discreción.
El restaurante era el más chic de la ciudad,
parecía más el nacimiento de nuestro yo.
El camarero se adelantó a ella:
“Bienvenida Madame”.
Afuera las campanas de la iglesia mayor suspiraban en el aire.
Él, como camarero le ayudó a sacarse la capa terciopelo.
Era un salón romántico, iluminado a media luz.
En mantelado al estilo inglés y cristal Murano*.
El estudiante de aquel tiempo era ahora un hombre
de cincuenta años, alto, delgado, de cabello gris, rasgos amables,
algunas arrugas, atractivo, elegante y cortés.
Él la contempló, permaneció perplejo.
¡Quería pasar una noche feliz!, esperaba una oportunidad.
La recibió con champán.
Música de fondo y entre plato y plato un tango de Carlos Gardel.
Lo bailaban como en aquel entonces.
El tango de pasión,
perdiendo en la noche la serenidad;
sensual embriaguez
del único beso, impresionable;
carnosidad, malvada de sus labios
encubriendo su sangre de su corazón en un beso.
Fue una constelación de sorpresas
Y escucharon las campanas del reloj.
Dando fin al banquete,
con el beso embeleso la alegría.
Se dijeron: Nuestro beso es el eco del son
de dos corazones.
Ahora en su segunda juventud.
¡Un beso, es!
*Sin Azufre: sin chispa.
*Murano: Cristal de Venecia.
Texto y foto: Ruth Iturriaga de Segall