El haz de mis sueños

Por Ruth Iturriaga de Segall

Llegaban las horas de un día sin sabor.

Llegaban las horas de un día sin vida.

Solo recorría un ruido que derrumbaba 

el castillo de mis sueños.

Que derrumbó mi imaginación.

¡OH! Tú, malvado, rival de mi reposo,

mi único amigo, el silencio.

Ahora, en la cima del ecuador.

Vital con un ritual literario

voy a lentificar el poema desnudo

para darle brillo al camino de la vida humilde

dando constancia a una vida unida.

¿Cómo te llames, no importa?

Deje que suene como lo hice aquel día.

Juntos volamos al parque del nadie.

Solo silencio.

Tú y yo. 

Nada, ni nadie, mariposeando en un mundo

vagabundo, de hermano a hermano

de donde de la nada, nació,

colmado de recuerdos. 

Un silencio lleno de laberintos, 

hechos del pasado ,viven de verdad.

Sin tiempo ni lugar para darle vida a mi poesía. 

Todo ronda como pasión y silencio.

Es una búsqueda, como un tesoro dorado,

donde lo inédito se vuelve como un fresco,

Un arte mayor, allá o aquí, está presente el silencio.

Silencio poético, fresco de un arte mayor,

de mirada remota del tiempo del verso

dando coraje y brillantez al horizonte genuino,

quizás humilde y desnudo. 

Ahora,  siento en mi marco,

el infinito silencio de mis ilusiones

dando cabida a las primeras horas del resplandor

llena de una suave caricia de calidez.

Un infinito amor que atrajo la esencia de mi ser

de aquel encantado ecuador.

Así respondió el universo de mi suspiro en flor.

Pareciera que el triunfo del alado desnudo, 

que fantasea mudo, reposa el silencio.

Todo se remueve en el tiempo del silente

Todo se remueve en el espacio de amores primaverales.

Tú y yo tenemos del pasado el encanto,

la carne y la sangre de haber vivido.

¿ Me escuchas amigo?

Tú, que sabes comprender la vida.

De todo aquello, maldito sea, esa amargura que me quitó mi vida.

¿Qué sabes tú, maldito sea, del llanto de la madre que me parió?

Ahora es tiempo que el tiempo se ponga amarillo como yo.

Amarillo como las hojas de mi pasado, doliente y de aire de soledades.

Mi alma está desnuda, silenciosa como un mármol, frío.

Escalofriante.

Mi alma está seca, sin caricias ni sonrisas del ayer y hoy.

El castillo de mis sueños 

quedaron en el vacío de mi gran dolencia,

de estaciones sin fin,

con un confín  de sueños frustrados

donde solo la puerta del confín se abre para dar luz

al nuevo día.

Nacerá de nuevo la luz en la otra puerta.

Germinará de nuevo la belleza en el campo

de un haz de luz hará brillar los sueños.


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