Retrocediendo en la historia, fluye la vida,
reflejando crónica y tiempo, con un acto de reflexión,
esto está en el archivo de los recuerdos.
Impregnando nuestra vida terrestre la dimensión,
su sabiduria y espiritualidad.
Preguntándome: ¡Qué es la vida!
El gran día, el nacimiento, el bebé.
Canto del niño, canto desnudo y puro.
La presencia de todo aquello que es, que nos pasa y hoy está vivo.
Grito del eco, guagua- eco- niña(o) hasta el último eco del ser.
Primer grito, crucial momento; mujer, nueve meses.
Inspiración para llegar al mundo celebrando la belleza
poética del recién nacido.
Un grito corto y sensible, lleno de dolor, nos deja.
Imagen pintada “bebé estrella.”
Luz de la tierra, gozo o tristeza de la vida.
Cóndor Andino, espíritu de libertad,
dueño de las alturas acaricia a su hembra,
envolviendo con su ala de amante, como abanico se posó.
La corteja con vigor a su costado y agitado hunde su pico.
¡Es el amor!
Su ancha banda blanca resalta en el dorso de las alas
y su nítido blanco collar.
Se refuerza con la majestuosa novia de los Andes,
emitiendo suaves sonidos, nutriendo su culminación
en su lecho nupcial sintió: el amor.
En el archivo está lo que fue y es, la emoción del grito del Indio,
sus ancestros y ruinas de imágenes alucinadas, mostrando
su alma empampada* en su desolación.
Indio, indio con su eco del rugido en la montaña.
¿Quiénes nos robaron nuestra vida, nuestra lengua,
nuestro pasado, infancia y pueblo?
El silencio, el agua, la esperanza,
la lucha, el hierro o el cobre.
La vida acudía a sus venas y a su boca.
El indio abrillanta sus palabras y la sangre de su origen.
En el paisaje viviente el viento, la sed, fustigan con su ira,
los dolientes ambulantes que con paso cansino
llevan su cansancio en su cuerpo encarcelado.
En los umbrales de la sociedad se levanta la gente,
una multitud, con la mano en el corazón.
el grito de solidaridad pacifica, uniéndose,
cantando la protesta.
Se sentían enterrados en la oscuridad.
Del apagón hasta la luz del grito pacífico,
el canto antigubernamental de la energía solidaria
para volver a sentir lo que es vivir.
Nacer, vivir y morir.
Un retrato pintado en el seno de la sociedad pura.
En ella, germinó la vida, emociona el nacimiento,
esperan un espacio virtuoso lleno de amor.
Aurora del canto, el grito nacional, liberad.
Soñadores, saliendo de la edad pueril,
colocando la mirada en el verso de la verdad,
cantando los males del hombre.
Separándose del letrado en hora cierta,
de poca cepa, violadores de la tierra,
donde la naturaleza humana ya no es virgen ni manceba.
Por eso adorna la vida con una música melodiosa y melancólica;
solo los paisanos danzan inspirados en el albor del agrio sudor.
No responden.
No hablan.
No gritan.
Se enmudecen con los golpes.
Mientras más fuertes son los golpes de la fuerza, del pulido,
más coraje, alimentando su idealismo.
Alimentando su corazón,
donde los dedos de la pala y los golpes
se transforma en un verso profundo de inquietud,
sin gritos ni dolor insinuando a su gente para cantar la libertad.
De herramientas se construyen instrumentos:
el violín, el arpa, la guitarra y el tambor alentando
la gracia y hermosura del solo hecho de vivir.
Que justicia es abrazar la intimidad de la esperanza
la cultura de la gente sencilla, su magia y superstición
de una vida amargada, domesticada y sufrida.
Pan que huele, saborean, para acaudalados,
corruptos y políticos.
Los del campo o la montaña, el campesino o arriero,
tienen su exquisito bocadillo:
la cebolla, cebolla, redoma y que la tierra oscura redondeó.
Trabajan, trabajan de sol arriba y abajo.
No se les acaba la mecha de la vida,
ni la rebeldía del labrador ni del arriero.
Ahora, donde esté; en la ciudad o el campo, siento
el grito de la alegría, con clamor,
intentar apoderarse de la arbitrariedad y la injusticia,
preciada semilla tierna, que germina, la vida.
El árbol de la Vida, sin fronteras, ni razas, ni credos,
conociendo alguien sin jamás verlo,
enlazados unidos por el latido del corazón,
con la palabra da esperanza brote, un día más de vida,
razón de nuestro ser y nuestro vivir.
No dejemos que el tiempo actual se agite más.
No dejemos que el tiempo demuestre decadencia.
El tiempo nos da vida para nuevas tareas.
Poesía del tiempo, total, estilo de dimensiones.
Entre lo nuevo y lo viejo que alienta nuestra ocasión,
activando la dimensión de las ideas,
hace de la vida razonable de nosotros mismos,
creando, contrastes de la naturaleza y del ser humano,
nos hace vulnerables en este mundo en el cual vivimos.
Vida es como la flor, su color y pétalos están presentes
en el jardín del tiempo y la naturaleza.
Cada pétalo tiene un corto vivir,
su perfume está presente, sensible.
Vivir para lograr el verso de la libertad.
Vivir con el espíritu intacto e íntegro.
Vivimos para que nuestras futuras generaciones
no se sientan desoladas,
no tengan el espíritu amputado
y no ajusticiando el alma de la juventud.
La vida se acurruca en su seno.
Vida de hijos de la luz y de la sombra,
y del cariño entre pueblos flameando,
el cántico del niño hacia el ocaso,
llegando junto con la aurora, libertario,
ser de bien en la tierra.
La vida es un colgante de joyas, un racimo hermoseado
en el jardín del renacimiento de la existencia.
El regreso de la verdad, el retorno a la libertad clamorosa
y de las celdas amputadas de ultraje sexual, de intrigas
y apetitos que se rebelaron a los castigos del verdugo.
Loor tu nombre.
¡Dale y dale vida!
Tan largo camino por llevar, que eleva la vida del ser,
los rayos solares muestran cariños y afectos,
esparciendo libertad de vivir.
Vestida de colores, venciendo los obstáculos y vaivenes,
encarnas el emblema de la honra a la vida.
Aún vives, hoy vives, hoy y mañana.