El día lo inició con un mensaje llamado paz y esperanza.
Lo inició con energía confiando en alcanzar la alegría.
Consciente en su búsqueda.
Además, supo que hubo una vez un lobo blanco, con energía.
Su energía la confiaba en su valor bajo la custodia
de la esperanza, de la paz, el amor y la compasión.
Yo soy como la esperanza.
La paz decía: Soy la Paz.
Amor llegó también.
Por último; Soy la Compasión.
Son cuatro flores, dichas de la vida y el alma en
el transcurrir del momento.
Que intentan abarcar acciones en la tierra
entrando en un profundo diálogo con los hombres
que sobreviven con el idealismo de un sueño.
¿Era un sueño?
Solo un sueño
mientras el sol sonaba brillante extinguiéndose y las estrellas
pálidas en un dilatado espacio y tiempo infinito.
La luz semidormida.
La tierra fría oscilaba muda y ciega,
fantasma de una esperanza,
muelo agur, bien dejado
dilatando la humedad ennegrecida
en el aire de una luna sin vida.
Los labios de la tierra tienen labios azulados,
con mirada de soledad, silencio de muerte y cuerpo frío.
Noches eternas de infinito silencio
días sombríos sin semblantes de estaciones
de un tiempo perdido.
Tierras calcinadas hasta el confín de azogue,
atropadas la soledad intensa de las calles.
Miseria, hambre y abandonados cuerpos desvalidos
incertidumbre en el vacío inmenso de sombríos
y grises atardeceres, velos cubriendo rostros
y de senos ensangrentados.
Gemidos sin caras ni nombre
desbordando los ríos en turbios ríos,
la herida abierta de la tierra
La tierra se estremece
el cielo inundando sus lágrimas
ríos de acerbo y silentes.
Donde el mar rompe bullente
el viento ruge a impulso del mar violento
Las olas de mar rugen de rabia y de dolor
de sentir en su seno, sangre y más sangre,
al oír el color de voces moribundas.
Hoy, la mar es testigo de sepulcros
al estallar la tormenta de un recinto de muerte
tienen que morir
el hombre loco e insensible
deshumaniza la sociedad.
No siente ni ve lo horripilante de la realidad
que la perpetuidad que espanta.
Su presencia produjo violencia en el campo y en la ciudad.
Mientras tanto, los hombres
defienden su dignidad y su terruño con libertad
muriendo en el corazón de la tierra.
No llames más en estas horas largas de llanto.
Un desconcierto de dolor.
Horas de esperanza vagas.
Horas, lágrimas del tormento:
dolor, por los hombres héroes que aún viven,
que el honor no han olvidado
solo la historia leyó acariciando
la esperanza incierta
de un futuro que vendrá,
para el futuro de nuevas juventudes
al que contarán historias.
Historias que hablan en vivo del dolor,
a quienes nunca supieron la verdad
de las heroicas mujeres, niños y ancianos
que lucharon por su tierra, padres y comunidad,
muchachos alegres por querer vivir y defender sus
valentía, un hecho, tan evidente, su dignidad y honor…
El gozo de la libertad
¡¡La victoria soñada!!
¡Del encuentro en el hogar materno,
extrañar lo más querido.
Está la conciencia
la que les marca el camino
Por lo demás intento recobrar mi sueño
lo que la historia quiso borrar!
La humanidad somos parte
somos tan diferentes
y somos a la vez iguales.
Seamos conscientes de la humildad.
Decisiones movidas por la soberbia.
La inteligencia de la arrogancia y la astucia.
Para movilizar el liderazgo a su favor.
Deshumanizado a la herencia humana.
Los rayos del sol, sin miedo, la luna y estrellas alegres
captan el mensaje de amor con la que acarician y desgarran.
Te llevo a la tierra y nos sentimos humanos.
Texto y Foto: Ruth Iturriaga de Segall