Reflexión

Por Ruth Iturriaga de Segall

El día lo inició con un mensaje llamado paz y esperanza.

Lo inició con energía confiando en alcanzar la alegría.

Consciente en su búsqueda.

Además, supo que hubo una vez un lobo blanco, con energía.

Su energía la confiaba en su valor bajo la custodia

de la esperanza, de la paz, el amor y la compasión.

Yo soy como la esperanza.

La paz decía: Soy la Paz.

Amor llegó también.

Por último; Soy la Compasión.

Son cuatro flores, dichas de la vida y el alma en

el transcurrir del momento.

Que intentan abarcar acciones en la tierra

entrando en un profundo diálogo con los hombres

que sobreviven con el idealismo de un sueño.

¿Era un sueño?

Solo un sueño

mientras el sol sonaba brillante extinguiéndose y las estrellas

pálidas en un dilatado espacio y tiempo infinito.

La luz semidormida.

La tierra fría oscilaba muda y ciega,

fantasma de una esperanza,

muelo agur, bien dejado

dilatando la humedad ennegrecida

en el aire de una luna sin vida.

Los labios de la tierra tienen labios azulados,

con mirada de soledad, silencio de muerte y cuerpo frío.

Noches eternas de infinito silencio

días sombríos sin semblantes de estaciones

de un tiempo perdido.

Tierras calcinadas hasta el confín de azogue,

atropadas la soledad intensa de las calles.

Miseria, hambre y abandonados cuerpos desvalidos

incertidumbre en el vacío inmenso de sombríos

y grises atardeceres, velos cubriendo rostros

y de senos ensangrentados.

Gemidos sin caras ni nombre

desbordando los ríos en turbios ríos,

la herida abierta de la tierra

La tierra se estremece

el cielo inundando sus lágrimas

ríos de acerbo y silentes.

Donde el mar rompe bullente

el viento ruge a impulso del mar violento

Las olas de mar rugen de rabia y de dolor

de sentir en su seno, sangre y más sangre,

al oír el color de voces moribundas.

Hoy, la mar es testigo de sepulcros

al estallar la tormenta de un recinto de muerte

tienen que morir

el hombre loco e insensible

deshumaniza la sociedad.

No siente ni ve lo horripilante de la realidad

que la perpetuidad que espanta.

Su presencia produjo violencia en el campo y en la ciudad.

Mientras tanto, los hombres

defienden su dignidad y su terruño con libertad

muriendo en el corazón de la tierra.

No llames más en estas horas largas de llanto.

Un desconcierto de dolor.

Horas de esperanza vagas.

Horas, lágrimas del tormento:

dolor, por los hombres héroes que aún viven,

que el honor no han olvidado

solo la historia leyó acariciando

la esperanza incierta

de un futuro que vendrá,

para el futuro de nuevas juventudes

al que contarán historias.

Historias que hablan en vivo del dolor,

a quienes nunca supieron la verdad

de las heroicas mujeres, niños y ancianos

que lucharon por su tierra, padres y comunidad,

muchachos alegres por querer vivir y defender sus

valentía, un hecho, tan evidente, su dignidad y honor…

El gozo de la libertad

¡¡La victoria soñada!!

¡Del encuentro en el hogar materno,

extrañar lo más querido.

Está la conciencia

la que les marca el camino

Por lo demás intento recobrar mi sueño

lo que la historia quiso borrar!

La humanidad somos parte

somos tan diferentes

y somos a la vez iguales.

Seamos conscientes de la humildad.

Decisiones movidas por la soberbia.

La inteligencia de la arrogancia y la astucia.

Para movilizar el liderazgo a su favor.

Deshumanizado a la herencia humana.

Los rayos del sol, sin miedo, la luna y estrellas alegres

captan el mensaje de amor con la que acarician y desgarran.

Te llevo a la tierra y nos sentimos humanos.


Texto y Foto: Ruth Iturriaga de Segall


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