Ante mis ojos dibujo la tierra madre. Ella contorneada con su piel, sonríe a su gente en miles lugares, les habla maternalmente en su ser intenso e íntimo escucha a la fuente en donde el agua cristalina estremece su piel y la vida de mi gente en su cuerpo, de un bálsamo y de tantas quimeras.
Cuan alegre se siente ella, en el transcurrir del tiempo
hilvanando a ser en el concierto humano la sociedad en que las
palabras siempre serán escuchadas y germinen en el alma.
Además en sus extrañas sueña el enigma del abandono del suelo
materno, la pérdida del encanto y la dormida desolación.
¿Dónde están?
¿Quién llora?
¿Qué horror ese letal de sonidos?
¡Los quiero vivos, hijos de la tierra!
Mi amor es profundo acariciando las sonrisas
escuchando las leyendas que describen de mí.
En sus extrañas acaricia un sueño escondido
recordando las horas del alba y el atardecer,
horas del silencio de la libertad,
horas de la aureola íntima de la ecuanimidad.
Las veces que sea necesario para volver a vibrar,
que nos despierte la toma de conciencia de reverenciar
y purificar la tierra por donde nuestra piel descansada
regalando sonrisas de paz.
¡Detente gente que en mi piel caminas!
En muchos lugares de mi madre tierra mueren jardines, bosques,
huertas, selvas, vega, umbría, oasis y valles, volcanes o tsunamis,
¡Detente, todos queremos caricias de madre!
Cuida mi piel, con mi piel tejida con sedas y satines
disminuyendo el dolor que vos provocáis.
No hagas de mi capa sensible lágrimas de lluvias
comprender la existencia actual.
Palabras perdidas sin vidas.
Palabras vacías en nuestro actual mundo.
Equitativo que no existe en la realidad
que la honestidad de la dignidad moral y humana
no es apreciada por los poderes minoritarios que
tienen el poder de la humanidad.
Eso se llama Desigualdad.
Tú, eterna tierra, que con tu silencio matinal despiertan
las flores del pensamiento,
invitas a caminar en tu piel terrenal, ancha y
verde como unos ojos glaucos en el atardecer.
En tu piel corre el tiempo que no se detiene
desde lo más íntimo sintiendo de tu ser
llevando en ti un pasado de turbulencias
además de alegrías infantiles.
Mi piel es redonda cubriendo mi madre tierra,
de montañas hasta llegar valles, ríos, mares
con selvas y bosques frondosos,
desiertos de mi dorada miel.
Que viven en mí, mi piel,
en mi piel acurrucó a millones de seres.
Les doy amor y cobijo a todos.
Hace años atrás nacieron los árboles.
Bajo mis hojas escuché la risa, el llanto.
Bajo mis hojas escuché la alegría y el dolor.
Mi piel es dócil y ondulante anidando comprensión.
Por donde deseas andar, llevas consigo el momento de vivir.
Es más, regalada, es el bálsamo de la libertad y la paz.
Solo sé, que mi piel quemada y destruida,
inquieta a la humanidad.
Con pasos cansados y vacilantes corre la muchedumbre.
De esa piel con pies cansados nace un profundo silencio.
Huye, huye de aquí.
Grita desde mis raíces
Por todos los lugares se abre el corazón del silencio.
Asombrado y angustiado el hombre humilde,
acongojada por ese llanto que me desgarra.
Decía la madre tierra:
¡No pierdan la ilusión!
Me siento asolada,
las máquinas de la destrucción de mi piel,
¡asolan pueblos, bosques y también mares enteros!
Mi piel milenaria ha vivido el cinismo político demagogo.
Defiendo mi piel, para que los niños del mundo puedan jugar,
aprender a leer y escribir.
Quiero sentirme útil en mi propia tierra para que vuelva de nuevo
la fidelidad y el apoyo para toda la humanidad.
Que esto no sea una lluvia torrencial de sentimientos intransigentes,
brutal y destructivo para la sociedad de grupos reducidos.
Solo mi entorno exterior escucha mi vida actual
de tanta incompetencia e incomprensión.
El sol alivia mis llagas de mi piel herida
por la desesperación y el dolor.
Texto : Ruth Iturriaga de Segall
Foto: Mikhail Nilov on Pexels.com