El tiempo cabalga entre mis hebras de plata.
Se restriega el verde moho de los años perdidos
en las suelas de las alpargatas.
Ya vencidas en las costuras,
ya rajadas durante los requiebros
en los que no había qué llevarme a la boca.
Ay qué tiempos aquellos, madre
en los que bailaba en la calle
por unas pocas monedas
que al torcer la esquina, me robaba padre
para un mal ducados, un vino rancio,
una fulana que sabía a mugre.
Ay qué tiempos, padre
en los que la mano de la tierra
sabía a sangre.
Y pasa el tiempo horadando la manecilla
tránsfuga y cobarde del segundero
que vuela más que corre
en los años menos fieros.
Vuelan las mariposas y paren las conejas
aun no habiendo estado en celo.
¡Qué importa, querida,
si de todo tienes, prenda,
pan, techo y hasta calderilla!
Ay qué ver madre cómo vuela el tiempo.
Y ahora aquí ovillada
junto a la lumbre, sola y ausente
de los parias de descendientes
a los que nunca les faltó que llevarse
ni a las muelas ni a los dientes.
Escucha el tiempo pasa en la voz de Anabel
Foto y texto : Anabel Lora Mingote