Dedicado a Esther
Tengo una pared grande y diáfana, sin contenido. Blanca, y no tanto: huellas de habernos movido. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis; no tendría que estar, pero ha venido. A veces podemos ser más, por añadido.
Compré un cuadro; no sabía de su nombre. Una amiga, una muerte, el tamaño, su aspecto… ¿Sin motivo? Una historia nunca es sola: una, dos, tres, cuatro, cinco, seis; un comienzo. «Tanta suerte» era el título, y de él tres preguntas, una crónica, un reportaje y añadidos.
Si me siento en el salón contemplo el cuadro: no completa la pared, no rellena el objetivo; tiene todo mi sentido.
¿Tanta suerte en el pasado? Infancia, padres, errores, mis amigos, decisiones, mis esfuerzos; no me he rendido.
¿En el presente? Mi familia, mi pareja, mis hijos. Mi trabajo, mi voluntad: cuidar lo que he elegido.
¿Y en el futuro? La salud, la propia y la de los míos. No pensar en el mañana, saborear lo que soy, lo que he conseguido.
Un taller de escritura un domingo; lectura de un capítulo de un libro: un hombre observa por la ventana. Cree en el amor, lo tuvo, se fue; sigue en el mismo sitio por donde vino. Le dicen tonto, a ella fresca. La condenaron sin prisión; lo dejó todo por un hombre que no toca, que ve entre rejas. No saben: surgen historias, una, dos, tres, cuatro, cinco, seis; inventan motivos por añadido. Él no escucha, se mantiene firme. Me gustó el tipo: agradecía su suerte, las flores y los niños. Él mira por la ventana, yo a mi cuadro; escribo cosas tontas y leo libros.
Último ejercicio: un personaje tan rebuscado que no le creí; era ficticio. Le añadí cosas sin sentido, para hablar de la suerte, del amor, de los motivos. Le abandoné: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete; los sentidos. No estaba vivo.
Mi añadido: en otro contexto sería posdata; si fuese jurídico, otrosí digo: me siento, contemplo el cuadro; es inseparable, no existe sin su título. Leo una explicación escrita por su pintora, mi amiga, sus motivos: tanta suerte por haberte conocido, por haber vivido mi historia de amor contigo.
Texto: Elena Azcondo
Foto: Cuadro Tanta Suerte de Esther Ramón