Canción urgente

Aconteció en un supermercado de barrio.

Un pequeño de dos años, perfecto, como solo pueden serlo las flores y los bebés,

tenía hambre y, colocó dos plátanos en su carro.

A la mañana siguiente desperté con unos versos en los labios.

Indistinguible, poema o canción urgente, no lo sé.

Surgieron las preguntas de siempre: si los escribo ¿llegarán a alguien, cambiarán algo, para qué?

La imagen de la infancia, bella, bien alimentada, con todo absolutamente todo al alcance de su mano; como debe ser. Es mi imagen de referencia, la que me afianza en que todo marcha bien y, a la vez, la que me para y muestra la otra cara de la moneda. En la que veo que todo puede irse al traste, y en la que englobo al resto de las personas que por azar les tocó el infierno en vida. Esa imagen global en la que celebro ser yo, y no los otros, y a la vez me incluyo también en los demás. Esa imagen que no quiero borrar, que me hace saberme humana, vulnerable y valorar.

A la mañana siguiente me desperté con unos versos en los labios. Indistinguible, poema o canción urgente, no lo sé.

Escribo unos versos

en contra de estos hombres,

viejos, gobernantes 

que solo quieren matar.

Escribo unos versos

en contra de las ideologías

que solo quieren en sus filas

adeptos irreflexivos.

Escribo unos versos 

en contra de los silencios

de las jaulas, de la falta de atención,

de los lejanos lamentos.

Mujeres, niñas, mujeres, niñas,

escribo porque no las veo.

Escribo unos versos,

reivindico

que los ideales no pertenecen a bandos,

que son propios de lo humano.

Que quien dice con soltura 

que vive en una burbuja 

reconozca su realidad y fortuna,

su responsabilidad; 

que por pirámide de Maslow

le toca pensar y actuar en favor de los demás.

Donde otros sobreviven,

¿qué les vamos a contar

de principios e ideologías?

¿No hemos tenido

el tiempo suficiente de analizar

saber lo que nos ha funcionado?

Cuidar, cuidar, cuidar.

Hay que saber cuándo parar.

Cuidar, cuidar, cuidar.

Yo que he dado vida,

yo, que no la volveré a dar,

sé que ya no me toca.

La necesidad es mantener, acompañar y cuidar.

Un pequeño de dos años perfecto, un verdadero milagro como solo pueden serlo las flores y los bebés.

Tenía hambre y en su cesta de la compra introdujo alegre dos plátanos.

Estos son mis versos, esta es mi imagen, esta es mi realidad, este es mi compromiso. John Donne lo dejó escrito: «Y por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas, doblan por ti.» Hoy doblan en demasiados sitios; a mí, quiero que me importe. No sé a ti.


Texto y foto: Elena Azcondo


Escucha Canción urgente en la voz de Elena


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