No quiero que calces mis zapatos, cada vez más enjutos y carcomidos. Ni que te reencarnes en mis dudas y tristezas, refugiadas en un abrazo continuo.
No quiero que sientas el dolor del desapego de esas miradas que creía firmes y han resultado ser las tinieblas que ciegan el faro. No quiero que seas el Minotauro de mi laberinto. Ni que tejas con mis hilos tu tapiz de Penélope. Por no querer, no quiero que me roces con tu aliento ni me beses con tu sed. Tan solo quiero que seas lo que tengas que ser.
©2022, Texto y foto: Anabel Lora Mingote
2 respuestas
Ana, me encanta el poema.
Muchísimas gracias, Raquel. Me alegro mucho que te haya gustado. Un fuerte abrazo