Con el barro de mis lágrimas se ha quedado atascado el desagüe de la esperanza.
No hay reguero que diluya con la corriente de sus aguas la sangre cosida en mi pecho de tus traidoras puñaladas. Y por más que espere, desespero. Y por más que odie, te venero. Y por más que ame tus misterios siento los aullidos de mi alma traicionada y puteada. Y aunque no debo, quiero Y aunque no puedo, ansío. Voy a volverme loca con esta mierda de destino.
Texto y foto: Anabel Lora Mingote