La corrida

Por Martha Manarini

Dice que la alcanza su propio ataúd en sueños, luego de perseguirla por caminos o esconderse para asaltar su paso en los recodos. Cuenta ella que es sólo un sueño, que no teme a esa caja convencional, de madera fantasmal, ni a la muerte que la envía a perseguirla.

Confía que morirá como todos los humanos y dice que ella lo hará sonriendo a campo abierto, que no la encerrarán en cajas de madera, que vestirá solo faldones bordados a su muerte, dice ella.  Y así sale de compras, paseos o a la feria, con sus faldones bordados por ella, a los que cada año después de su cumpleaños les dice: Todavía no viene a buscarnos y alarga un poco más de ruedo bordado a los faldones.


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