Llego hasta la plaza y lo encuentro con la cabeza oculta entre las manos. No sé quién es, nunca lo he visto por el barrio, pero me llama la atención por la tristeza que irradia. Me pregunto qué le habrá pasado. ¿Le han dejado? ¿Es eso? Fantaseo con la idea de que su pareja le haya abandonado hace un instante, quizá su mujer le ha llamado por teléfono para decirle que a su vuelta ella no estará en casa.
Que se ha hartado de esperar a que él tenga un detalle después de 20 años de casados. Que nunca la acompaña cuando se queda agotada en el sofá tras 10 horas de trabajo extenuante en la fábrica. Que está feliz pensando en un futuro de soltera libre y sin compromiso. ¿Cómo escuchar eso sin venirse abajo? O puede que sea su pareja-marido, un hombre entrado en canas, delgado y estricto quien ha roto con el desconocido. Está agotado de ver cómo pasan los años sin que aumenten las expectativas de perdonarse. También se me ocurre que quizá a él le acaban de despedir. Llevaba unos días notando mal ambiente en la oficina y nadie le quería decir qué pasaba. Hasta que hace un rato su jefe le ha llamado para decirle que no vuelva mañana. Que la empresa ya no necesita sus servicios. Así, sin más. No están obligados a avisarle con antelación porque su contrato es por obra y la obra se acabó. Ahora van a ayudarse de la IA para hacer el trabajo que hacían él y dos compañeros más. Gracias por tu entrega, no vuelvas, adiós, estás despedido. Pero también podría ser que acabara de llamar su hijo para decirle que no ha aprobado la oposición. El chaval, que ha querido ser bombero desde que tenía uso de razón, se había preparado para el examen a conciencia. Los test los ha ido haciendo cada día, una y otra vez desde hace meses, y siempre sacaba el 100% de aprobado. Todo iba bien, se sabía las preguntas, estaba más que capacitado para sobresalir en el examen físico que vendría después, pero los nervios han podido con él y ha dejado el examen en blanco. Blanco, impoluto. ¿Qué son esas palabras? ¿Qué significa asignar? ¿Qué tiene que ver una bombona con una escalada? Ahora va a ser muy difícil que recupere el camino de vida, puede que se pierda por los atajos, incluso que se lo coma un lobo. Hay muchos en los caminos del destino y solo estando preparado puedes esquivarlos.
Todo eso y más me he imaginado viendo al hombre que llora. Y todo lo que he imaginado era mentira. O verdad, según se mire, porque los pensamientos transformados en palabras cobran un mínimo de dignidad al posarse en los renglones. Lo que quiero decir es que el hombre lloraba porque acababa de sacrificar a su mascota Blancanieves, una bichón maltés blanca como su nombre, de ojos redondos pizpiretos, apocalíptica en sus costumbres, compañera inseparable desde hace quince años. Y ha sido tal desgarro, que el hombre casi se rompe por dentro cuando le han dicho que no había más remedio que amortiguar el dolor de la pequeña para siempre. O puede que esto también me lo haya inventado. No sé por qué, pero hoy se me escapan las palabras y no me da tiempo a engancharlas. Corren que se las pelan. Allá va un grupo al galope. Miedo me da que se caigan por un precipicio y se conviertan en una frase hueca.
Texto y foto: Yolanda García Serrano