Lasaña

Cuando cumplí los treinta y ocho sufrí lo que comúnmente se conoce como «crisis de los cuarenta». Cierto que todavía no había alcanzado la cuarentena, pero yo siempre he sido un tipo precoz. Me dio por pensar que el final estaba cerca. No el mío exactamente, más bien el final completo, el final total. El fin del mundo, vamos. Además de precoz siempre he sido algo pesimista.

Mi madre se sorprendió cuando le dije que me había cogido unos días de vacaciones y me quedaría con ellos en casa. No voy mucho, es cierto, solo cuando mi padre se pone muy pesado, y esta vez soy yo el que lo propone. Entiendo su sorpresa. Noté en la voz de mi madre un tono de preocupación. Seguro que cree que pasa algo grave. De hecho fue exactamente eso lo que preguntó: ¿pero está todo bien? Sí, sí, todo bien. ¿Y el trabajo? Sí, sí, el trabajo bien. ¿Y Laura y el niño? Sí, sí, están los dos bien, todo el mundo está bien.

Llevo tres maletas llenas de baterías, latas de alubias y sardinas, radios, cerillas, velas y linternas.

No quise decirle que Laura se había ido con el niño, que me había dejado una nota en la cocina y un táper de lasaña para la cena. Y que después de aquello no había vuelto a saber de ellos. Es que no quiero preocuparla. Si le cuento eso y además que se va a acabar el mundo… Es mucho para digerir. Y mi madre no sabe guardar secretos, se lo contaría a mi padre. Y mi padre… Seguro que me lo echa en cara. Te avisé, me diría, que Laura no te iba a durar, que tú no sabes tener pareja. Que eres un inmaduro, me repetiría, no estás preparado para la vida real. 

¿Que no estoy preparado? Pues ya lo verá, cuando llegue a casa con mi kit de supervivencia. Llevo tres maletas llenas de baterías, latas de alubias y sardinas, radios, cerillas, velas y linternas. Libros y juegos de mesa. Calculo que podremos sobrevivir unos tres meses. Además, llevo la receta de la lasaña. No me sale tan buena como a Laura, pero puedo cocinar una fuente grande, guardarla en tápers y congelarla. Y el día final, el del apocalipsis, se sorprenderán mis padres. ¿Quién es el que está preparado ahora, eh? ¿Quién es el adulto ahora? Lo siento por Laura, que tendrá que vivir el fin del mundo sola. Pero el niño… me habría gustado que hubiese probado mi lasaña. 


Texto: Pilar Pérez

Foto: AI


Escucha Lasaña en la voz de Pilar

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