
Me senté un minuto antes de empezar la función, con los latidos del corazón en el cuello. Había ido todo el día con tanta prisa y con el tiempo tan ajustado que casi no llego al teatro. Pero llegué. Y tomé aire profundamente por la nariz mientras lo soltaba despacio por la boca.
—Hola —escuché a mi derecha.
Interrumpí el proceso de relajación bruscamente. Me giré y vi a un chico de más o menos mi edad. Por una décima de segundo pensé que le molestaban mis inhalaciones. Le miré con miedo a recibir una queja y le pregunté sin preguntar. Parecía serio. Tenía los ojos delgados, como una rendija por la que asomaban destellos diminutos y brillantes.
—Soy Julio, el amigo de Migue.
Y entonces las piezas encajaron y lo reconocí. Claro que era Julio, claro que era el amigo de Migue. Migue, mi primer novio. Migue, mi primer todo relacionado con el sexo y el amor. Recordé una noche de varios años atrás cuando tuvimos que compartir cama los tres, modosos y cobardes. Muchas risas inocentes hasta el amanecer. Luego rompí con Migue y dejé de verlos. Con Migue hablaba muy de tarde en tarde, con su amigo jamás.
—Sí, hola, me acuerdo de ti perfectamente —mentí.
—Migue murió de un infarto el mes pasado. Estaba solo en su casa. Se lo encontraron al día siguiente en el suelo. Su hermano está destrozado. Creen que murió de madrugada y no le dio tiempo a avisar a nadie. Tenía el móvil cerca. Bueno, pues eso. Lo siento.
Y se giró hacia el escenario dispuesto a contemplar la representación que empezaba en ese momento. Y me dejó ahí, paralizada de la cabeza a los pies. ¿Qué me había dicho? ¿Migue había muerto hacía un mes? ¿Mi Migue? Seguí mirándole. Esperaba que volviera otra vez su cara hacia la mía y me dijera que sentía haberme gastado esa broma tan horrible. Pero no se giró, estaba atento a las parrafadas de los actores. Y el corazón volvió a latirme en el cuello, desbocado, furioso, incapaz de salir de mi cuerpo, aunque lo deseaba con todas sus ganas.
Y entonces recordé que Migue me había llamado un día a las cinco de la madrugada y no quise contestar. Me pareció de muy mal gusto que me despertara a esas horas. Me enfadé mentalmente con él y le imaginé bebido, fumado, desorientado y con ganas de juerga. Sí, quizá fue un mes antes. Quizá, pero no puedo estar segura.
©2020 Yolanda García Serrano